sábado

VAMOS A CONTAR MENTIRAS, TRALARA...

Después de participar en una charla sobre poesía y comunicación, he releído algunos poemas míos, ejercicio bastante inusual, y he tenido la impresión de que, más que un poeta soy un poco farsante (de farsar). Es probable que este sea el fondo de un tema importante.
Me refiero a si el poeta, cuenta y canta hechos y situaciones anímicas imaginadas, construidas mediante palabras usadas y abusadas, con algún que otro apoyo en su vida real o la del vecino; o si, como se suele entender por la mayor parte de lectores y críticos, desde el romanticismo del siglo XIX hasta nuestros días, el poeta es un ser hipersensible, cuando no un sentimental, que ha vivido “mucho” y que además tiene el “don” de saberlo contar.
En este sentido último, sé de algunos, que se llaman poetas porque escriben “poemas” y que buscan la inspiración en trances de su vida y para dar contenido, en ocasiones tratan de vivir situaciones límite para emular a poetas como Villon, D. Thomas, Baudelaire, Rimbaud, Panero etc., consiguiendo únicamente algunas líneas/versos bien pobres y una cirrosis opulenta, y otros que se inclinan por tomar prestados recursos de agi-pro. Pero bueno, quien sabe...
Supongo que, también en esto del quehacer poético, cada “maestrico tiene su librico” y en última instancia lo importante es que el poema nos diga algo “poético”, aunque tenga una vestimenta prosaica y apenas nos deje ocasión y excusa para entender algo diferente de lo que el poeta ha querido comunicar.
Pero ya se sabe, nada es casual, y seguramente a mí me marcó un poema/canción que me hicieron leer a los siete años, para poderla cantar con mis amiguit@s y que decía:

Ahora que vamos despacio
vamos a contar mentiras.
Por el mar corre la liebre
por el monte la sardina...

Es un suponer, claro..

5 comentarios:

Jon Jonenjur dijo...

Bueno si partimos de la disociación inalcanzable entre el pensamiento y la realidad, el lenguaje como expresión del pensamiento nos convierte a todos en farsantes entonces, en el ejercicio de recreación de algo que sencillamente nos es ajeno e inefable. La literatura así no deja de ser una moción de observar y comprender la realidad mediante el artificio de la palabra, el hecho de que esa realidad que se convoca surja de la propia experiencia o sea producto de la imaginación, no confiere otra calidad distinta al autor más que la de mero intérprete, cómico o farsante.
Y más aún dentro del género de la poesía donde como decía Octavio Paz:"La palabra del poema aspira a decir lo que nadie puede decir."
Bueno, es mi opinión que no estoy muy convencido de que esté en relación con la entrada, pero no deja de ser la "interpretación" que yo he hecho.

Un abrazo, farsante...

Felipe Sérvulo dijo...

Como siempre: un placer leerte.

Minerva dijo...

Interesante e importante reflexión!

A mis 23 años siento que he vivido lo que he tenido que vivir y eso me dice a la vez, que aún no he vivido nada.

Mitad despierta, la otra mitad durmiendo. Suponiendo que el mundo onírico tiene su razón de ser y es parte fundamental del ser, se le atribuyen las puertas de la creatividad, el simbolismo y todas aquellas imágenes absurdas que consideramos mágicas o proféticas.

Pienso que el poeta siempre está soñando, sueña como piensa y viceversa... quizás Platón tenga razón, quizás Calderón de la Barca tenga razón.. la vida es un sueño.

Entonces, ¿qué es lo que nos inventamos? "Sueña el poeta que es poeta, y ¿vive en ese engaño? escribiendo?, imaginando?, verseando?

jeje bueno, esto es sólo la opinión de alguien con un pensamiento mágico y primitivo...

Un aporte más al gran farsa de la "realidad".

Besitos!!

Esperanza dijo...

Lo bueno de contar mentiras es que cuando dices la verdad tampoco te creen... ¿hay mejor manera de esquivar el miedo a dejar demasiado de uno mismo en lo que se escribe?
Me gusta pasar por aquí y leerte, aunque a mi paso deje poca huella...

Un abrazo

Vi Gawain dijo...

La mayoría de tópicos sobre los poetas están alimentados por la propia incapacidad del público (lectores asiduos incluidos) para hacer una crítica certera o acercarse a la producción poética con conocimiento de causa.

Es posible que el panadero del 4º dcha lleve una vida más pendenciera que el poeta que está encerrado tecleando en la oscura buhardilla.
Supongo que es porque a las barras de pan no se las reviste de ese aura especial que tiene la poesía, y que es a menudo irreal.

Y luego está la ligereza con que se califica de poeta a cualquiera que escupe palabras. Quizás ahí reside la verdadera problemática.

No sé, yo misma no me decido, hay días que me parece un acto tan simple y placentero como ir a cagar y otros, un ejercicio literario sublime y costoso.
Siempre tendremos esas dudas razonables sobre poetas y poesía. Qué caray, también ahí reside su encanto.

Saludos.