miércoles

NUESTRO GRAND POINT Y EL ZIGEIHST

Todavía tengo dudas si no fue una trivialidad.
¿Celebrábamos un entierro o un parto?.
Del placer de nuestro encuentro,
la víctima fue la realidad
y con el primer saludo supimos que teníamos
un largo pasado y una corta historia.
El círculo fue persiguiendo nuestros pasos,
y la dimensión oculta de los sueños
serenó la mirada que construye,
atrapó las promesas y durmió la vocación
intermitente de huir de lo que éramos .
Tres suspiros, la muerte sobre el mar…
y una solución mítica para el desamor.
De poco nos sirvieron los secretos comunes.
Tú que siempre fuiste luz total
buscaste cobijo en mi sombra,
y en una de las vuelta de la noche
perdimos ambos el perfil
y nos sumamos al circular torbellino de los besos.
Eran otros tiempos, quizás. Lo cierto es que
cuando llegó Amélie, tú y yo volvíamos.
Tuvimos que mirar como sorprendidos.
Era, ya lo sabes, la nostalgia evangélica
de la región ignorada, del Sinaí disuelto,
o tal vez la nostalgia de saber que ya nunca
encontraríamos el centro ni la periferia.