miércoles

NUESTRO GRAND POINT Y EL ZIGEIHST

Todavía tengo dudas si no fue una trivialidad.
¿Celebrábamos un entierro o un parto?.
Del placer de nuestro encuentro,
la víctima fue la realidad
y con el primer saludo supimos que teníamos
un largo pasado y una corta historia.
El círculo fue persiguiendo nuestros pasos,
y la dimensión oculta de los sueños
serenó la mirada que construye,
atrapó las promesas y durmió la vocación
intermitente de huir de lo que éramos .
Tres suspiros, la muerte sobre el mar…
y una solución mítica para el desamor.
De poco nos sirvieron los secretos comunes.
Tú que siempre fuiste luz total
buscaste cobijo en mi sombra,
y en una de las vuelta de la noche
perdimos ambos el perfil
y nos sumamos al circular torbellino de los besos.
Eran otros tiempos, quizás. Lo cierto es que
cuando llegó Amélie, tú y yo volvíamos.
Tuvimos que mirar como sorprendidos.
Era, ya lo sabes, la nostalgia evangélica
de la región ignorada, del Sinaí disuelto,
o tal vez la nostalgia de saber que ya nunca
encontraríamos el centro ni la periferia.

2 comentarios:

Annabell Manjarrés Freyle dijo...

Algunas cosas terminan para siempre,
otras terminan y vuelven a empezar,
y otras definitivamente creemos que acaban pero siguen ahí en su nostálgica existencia silenciosa.

Mamen dijo...

Pero siempre merece la pena haberlas vivido.

Sé que me repito pero me gusta todo de tu poesía.