jueves

LABERINTO. Textos poéticos. II (Fragmento).

Pero muchos, como hembras deseantes, os rendisteis a sus pies soltando el pareo, el alma en dormida posición, los horizontes perdidos entre tantos increíbles futuros y os abandonasteis al conjuro de sus caprichos, de ajenas convulsiones, de adocenadas esperanzas y sedicentes antojos. Fue un atardecer de matorrales, alfalfa y aguamarina. Una de tantas que tú señalas y yo no recuerdo. Resultaron espacios oscuros, construidos con alambres y frascos de farmacia, estatuas de nieve y sal en el pórtico de cada amor que se anunciaba. Las letanías de los agnósticos fructificaron. Fue cuando nosotros volvimos la cabeza atrás y los curas, amargos como la mujer de Lot, por penitencia habían barrido la misericordia. Tan solo el eclipse que nos ciega abrió un mundo nuevo, inaudito y afortunadamente apátrida.