domingo

DEL BIG BANG AL BIG CRUNCH. (A la recerca del subjecte perdut) (Fragment)

Aleshores dorms nu i com prostituït, i com el pacient Job, prefereixes que Jehovà tinga raó i malviure baix la falda del mascle que et proveeix d’un rosegó, d’una carícia o d’un pene. Però vam descobrir al fons de les nostres pupil-les, des de l'encaix perfecte dels nostres cossos, curulls per l'acompliment de l'amor, conjugat en besada i el ritual gemec, sense sospites ni garanties, de tu a tu devorant-nos, cobrint la pell de pètals captius i flors del taronger, fins que l'aurora dissol les ombres i engalana la teua cara. Tot, amb tal de reconèixer-nos.

sábado

DE REPENTE, LA VIDA.

Siempre supimos que sería difícil conocer un poco más
de nuestro mundo sin saber de sus raíces y pertenencias.
Lo creímos tan nuestro que apenas lo vivíamos, diferentes
como somos, incluso cuando no hay tiempo para saber
por qué nos perdemos en las diferencias y sus contrarias.
La sospecha de aquel mundo posible, siempre a mano,
ha trastornado nuestra quietud y aún sugiere que generemos
la suerte que diese noticia, no de lo que éramos, que jamás
nunca lo hemos sabido, menos aún de buscar la frontera
entre las excepciones y las reguladas normas. ¿Había lugar?
A duras penas, de lo que queremos ser. Humilde dialéctica.
O pacientes roces con los que construimos nuestra inercia.

LAS DELICIAS SOBREVENIDAS.

Nadie nos dio permiso para vivir a oscuras
y deslizarnos suaves sobre los recuerdos,
motivados y estimulados a emprender el esfuerzo.
¿Quién pudo perdonar a nadie sin sumergirse?
Por eso abrimos la puerta a la hipocresía,
a la apariencia, reforzamos y estilizamos
la mentira, abrazándonos a la corrupción
y al vicio (para qué negarlo, nos pudo el morbo)
y así encontrarnos con tantas razones nobles
para seguir viviendo y ninguna para morir.

miércoles

TRADICIONES.

Quieren morir de viejos, como siempre se ha hecho,
muy arrugados y con orden. La mar no es más que agua
y el valle, tierra y piedra. Son  planos, como el desierto
mítico, enjutos como el esparto, ordenados como la muerte
y pretenden tener una larga vida. Cuando tienen que explicar
alguna maldad, de las que hacen diariamente, buscan
el pretexto del mal de poniente, cuando no de la herencia.
Es la ley eterna de Abraham y Job que nos obliga
en silencio a servir a la comunidad de la cual se sienten
más que amos, caciques. Nacen, se aparean y mueren
con su verdad, la de siempre, inmensa, inagotable, de la que
huimos desesperados. Y nos persiguen como fantasmas.
Nunca quisimos ser ellos, ni tampoco eludirlos, para no matarlos.

lunes

LA MEMORIA Y EL VERBO.

Sí, fue una aventura abandonar la cuna y encontrarnos,
en el instante cero de nuestra historia, envueltos y escondidos
en las dimensiones ocultas, hasta intuir que, para saber de ti,
tan lejos tus besos, tuve que amar a tu dilecto, descanso
de tus labios. Qué delirio de verbo y qué largo el camino
para tan corto proyecto. Fueran tantos saltos meditados,
del sentido a la significación, que no hay códigos, ni tan sólo
coincidencias en el amaneramiento de un mismo origen
y quizás te buscarás un día en la roca, el agua o el aire.
Ningún miedo. Dónde sea que quieras andar, el final será
tan imprevisible y triste como una pasión farragosa,
resuelta a morir de vieja, reconfortada por el deseo, la mentira,
y el secreto  de confesión. Los cementos tiernos que unen. 

TESTIGOS.

Había razones de toda índole y énfasis para vivir.
Por eso cuando te vimos, tan dentro de ti mismo,
ambos supimos que éramos amigos y viejos.
Y no solo por tanto como nos preguntábamos,
también porque todos queríamos, aún entonces,
ser una obra abierta. Quien sabe hacia dónde.
Así tan formales, comprobamos el contenido
y la pertinencia del testimonio abierto de quien,
tan insensato como estratega, tuvimos que amar,
virgen y somnoliento sobre el burdel de la vida.
Guerra de posiciones, diría la profesora, molesta,
despreciando la periferia y la extensión del amor.
¡Tantos y tan heterogéneos caminos para llegar aquí¡

domingo

EN EL URINARIO.

Cada vez es más incierto que la historia nos enseña a vivir.
Durante centenares de siglos nos habéis hablado del mundo,
de cuanto nos rodea y desconocíamos. Iniciamos así
un largo camino hasta saber las formas y las entrañas
de todo lo que nos podía interesar para sobrevivir.
Desde el más distante punto de luz del infinito universo
hasta esta pequeñísima bacteria que me contempla,
asustada, por si meo encima y provoco su diluvio universal.
Todo lo habéis perfectamente ordenado y cuantificado.
¿Y os asustáis si ahora nos miramos, hablamos de nosotros,
y nos preguntamos: quién soy, qué hago aquí, a qué he venido
y dónde voy? Se diría que sois dioses. O puede que solo amos.

sábado

SOLIPSISMES LOW COST (I)

Fa temps arribaren velers sense bandera ni armes. Venien plens de gent, de lluites i misèries i en la cara arrossegaven el dolor i la mirada dels apàtrides. Ens van donar poc de temps per tapar els nostres rius, ofegar els boscos i amagar la memòria. Poc més vam poder fer que contemplar el dolç sopor de les tardes d'agost, fornicar amb alguns d'ells i consentir que triaren a canvi de qui sap què. La mateixa aventura que els dugué un dia de sol, un altre de tempesta se'ls emportà. Mai sabérem de qui eren fills, ni si tenien història, ni d'on venien. Aleshores els miràrem estranyats; però gaire mai no ens atrevirem a mirar-los als ulls. Potser perquè només feia dies que havíem deixat aquella corba en la qual tot es va esvair. Van poder tastar el fruït del plaer del coit de la selva, de l'absència de lligams i del vellíssim sembrat a barreja. Encara que pogué ser el principi d'un llarg encontre, fou just un desideràtum, que, com l'eclipsi lunar, torna cada primavera. Una adolescència famolenca amb l'horror de front, amb la tendresa sòrdida i oculta i on l'horitzó només és la porta de fugida. Les alcoves amb forrellats, sense sol i les mirades planes, anodines, temoroses del contrallum, alertes. Estesos a assecar els cors, atalaiant els incerts futurs, projectaven la llibertat trepitjada. Durant aquells anys era perillós bategar i, encongits, ens cobríem amb les pregàries buides, nedant a la maresma del dubte. El senyor dormia i les urgències, cegues, transitaven els camps i camins. Qui sap en quin racó vas aparèixer tu com un presagi. Les teues mans insomnes, sense saber que fer amb la teua joventut. Va ser el meu recer la teua pell, el teu espai imprudent, com aquells petons que il·luminaven el teu somriure i els meus llavis. Qui sap qui ara, ens guanya i ens perd, doncs la teua absència ens deixa com una mar sense vaixells, com la nit enamorada del dia, els núvols oblidats del trànsit, el camp infinit, o el cor sense desvaris. Seqüències de naturalesa morta per a nosaltres, si vols, encara que milions d'éssers pul·lulen i sobreviuen en cadascuna d’elles. També ara, nosaltres, cada dia, aventurers com som, iniciem la brega buscant qui sap què, fins que, fatigats  de viure, envaïts per la tristesa concloguem que tots els camins condueixen al lloc d'on hem fugit. De fet quant no somie no està clar si sóc fill, pare, home o dona. Tal vegada si fóra possible ser la part que em falta i poder voler-me. De sobte els refrescants suggeriments funcionals del teu disseny desimbolt i el confortable encant de la teua transparència, són sempre harmòniques amb els meus desitjos. Potser perquè els motius florals esbojarrats que arrissen l'encaix de la llenceria i que lliga l’esquena als teus pits, mostren vaporosos els teus deliris, o qui sap si per una llarga depurada línia que soldeja el perfil inquiet de les teues cuixes. Ja sé que allò que és nostre són  els mims rivetejats que púdica cobreixes amb una brusa llarga de punt blau xinés, de cisa americana i que no cal desesperar si no arribes i jo trobés el meu plaer. Ja veus, tot això, nosaltres, que tant ens vam voler.

miércoles

EL RIESGO DE LA DIVINIDAD.

Hubo sus más y sus menos. Recuerdo que al mirarnos, alguien comentó que, aunque la vida nos había esparcido espléndida, en casi todos los mundos posibles habíamos nacimos nardos, adecuados unos, insólitos otros. Al parecer, dijeron, nos habíamos comportado con la dignidad adecuada. Lo cierto es que todos veníamos cargados de historias, ajenas algunas, y aún había tiempo para resolverlas. Tal y como amaneció, ¿cómo pensar que nos robarían? Al fin sucedió que éramos como dijeron. Llegamos con volados de encaje, amplios, resueltos y acompañados, rociados, compañeros de la aurora blanca. Aún así, hubo que reportarnos, indagar para saber quién era cada cual. No fue fácil porque, aunque todos los golpes recibidos eran igual, no tenían el mismo origen y una frágil historia los cubría. Pero de nuevo las miradas nos identificaron. Horas después, días quizá, supimos que, aunque intentamos llegar desnudos y cubiertos de luz, teníamos los hombros hundidos de soportar recelos, malicias y consejos, de sublimar deseos y habíamos aprendido a contar nuestra historia montados sobre el vaivén del deseo y asumir nuestro futuro inestable. Por eso cuando te vi tan dentro de ti mismo supe que éramos viejos y amigos, y no solo por tanto como preguntábamos, también porque todos éramos, aún, una obra abierta, quien sabe hacia dónde. En todas las ciudades vimos al mismo dios indolente y a sus discípulos bailando sobre el asfalto y saciando el hambre de adolescentes, ciegos de imágenes para poder vivir. Ahora que el tiempo disolvió aquellos escenarios donde fuimos héroes, los dioses, brujas, doncellas, buenos y malos han tomado el camino del olvido, ese indefinido mar del que somos confluyentes. Pegados a todos ellos, a escondidas, se nos van perdiendo jirones de nuestra larga vida, mientras la memoria, tan atenta un día a su patrimonio, intenta rellenar el vacío con nuevas caras extrañas. Puede que también tengan derecho a habitarnos, a huir de la autotélica mirada, del eterno propósito de la utilidad. ¿Deberíamos confirmar la moralidad para ser inmortales contigo? ¿A qué tanta severidad? ¿Dónde estabas cuando caímos? Sigamos, pues.