jueves

EN CAFARNAÚM, CON FLORENCI CLAVÉ.

"Somos dos para el campo y el ensueño
y dos en la canción siempre de vuelta".
L. F. Vivanco

Un día dejamos la metafísica los colores y el versículo y nos maridamos con la verdad de la calle nos sumamos a un largo camino que venía de lejos con una antología de inhibiciones sobre el hombro nuestra esencia se disolvió en la estancia abierta aquella donde si nos excluíamos nos condenábamos ecuménico fue el trasunto de nuestra vida y convivimos con la luz indolente joven y apiñada saboreando la corteza de la miel del linaje y buscando nuevos hogares para amasar el pan pero cuando llegó la muchacha Aldebarán ya era viejo y apenas pudimos gozar el cálido aliento de los dulces abiertos tal vez fuimos como el fuego que alumbra y no calienta o puede que como la roja lumbre terminó plano y gris hijos de nuestra tierra y nuestro tiempo nos apareamos como las hetairas de Roque Dalton y su intenso azul cómo decir que la vida pudo ser un malentendido no no se excedió la utopía fue que nos abandonó la razón y hubo que trenzar los silencios de la otra historia de dios qué más da saber ahora que el camino venía de Cafarnaúm.

martes

OTRA NOCHE MÁS, JOYCE.

“El día conjura los dioses blancos de las tinieblas”
Leopold SSenghor

Aún no era tiempo de que cada cual despertase del sueño anochecía hubo que vivir con el alma puesta gatear por los besos beber llantos mirar al horizonte trufar risas confundirnos con el paisaje gris nos mecimos en la dádiva opuesta del burdel milenario macerados como hijos de la tierra prometida cada cual se descarrió como pudo tratando de desvencijar los sueños sin saber qué nos hizo singulares tuvimos miedo de la angustia anónima vagabundos por tus alrededores y cabalgamos al genio de umbría hasta encontrar el límite el delirio

sábado

QUÉ VERDE ERA MI VALLE, BUKOWSKI.

“Todos los pequeños dioses han comenzado a llorar
pero di adiós ahora y sal al mar”
Wystan H Auden


En aquel valle hubo sangre y tierra,
raíces, viento, y ningún blasón.
Antes de que el bien y el mal
fuesen anarquías auxiliares,
mucho antes de que, atemorizados,
huyéramos del naufragio
intentando acoplar nuestro paso al del universo,
antes, murieron la esperanza, la ternura
y negociamos la rabia.
¿Cómo aceptar, pues, que tu mirada
perturba mi revuelta,
que las palabras son las cosas
y tú el espacio donde moran?.
Ahogaste la rabia y copulaste
con la mentira y el amor,
conseguiste pétalos obscenos,
como cualquier milagro,
anillando la frescura
y el pronóstico que nos acorrala.
Qué más da que el tiempo, detenido,
descanse sobre tu frente,
que perdure la muchacha prieta
de desafíos y luces en la frente
violada por la luz de Modigliani,
como un motín de golpes,
afanes, trompetas y lunas.
La lluvia fina, las aldabas suaves,
los bordes de cristal y tu gospel
fueron constelaciones decadentes
que, todavía hoy, titubean
sobre la hechura triste de la trinidad y el aire solano.
Aún así, el candil de tu inocencia es un collage,
un estandarte que baila.
De un mismo origen divino, un día,
nos sumaremos con la roca, el agua y el aire,
hasta conseguir que lo justo devenga
en necesario, como los dioses y los recuerdos.