miércoles

LA SONRISA DE KUNDERA.

"Otros, por la huella que has dejado
seguirán tu camino palmo a palmo,
pero la derrota de la victoria
no serás tú quien la distinga".
B. Leonidovich Pasternak

Era primavera cuando descubrimos el necesario soporte de la periferia del subsuelo la rebelión que embellece el corazón del sistema que estandariza la ceguera de nuestras madres el agobiante peso del recto y ordenado sentirnos abocó al brevísimo beneplácito de la peripecia dolida y no obstante generosa y antigua como las blancas carroñeras gaviotas fermentaba la flor dormía la semilla y seguíamos esperando el canto del gallo en los alrededores de tu pañuelo en los arrabales de tus mejillas los luceros se derramabanmientras tantos y tantos mutaron o tal vez dieron la vuelta y descubrimos su cara oculta otros tuvieron que lastimar al día inhóspito retiraron el pan de la mesa y desaparecieron fueron innumerables los centinelas dormidos las tardanzas las salvajes luces que despertaban rosales por eso fue que cuando nos alcanzó el hábito de vivir volaron montes amanecieron ríos florecieron mares todavía hoy descansa y duerme mi caballo blanco.

sábado

PIGMALIÓN Y EL CONSTRUCTIVISMO

Probablemente, si hubiéramos laminado el saqueo,
al menos la cicatriz y la noria que nos devolvían a los orígenes,
los sensores que otean la frecuencia y el ritmo del deseo,
tus lágrimas hubieran, indiferentes, descansado en la noche.
A fin de cuentas, se trata de que sigas insolente y arrullada,
que consientas el rito venial de penetrar tus sueños,
tus carnes, tus ansias, tus senos trémulos, o la virginidadde
los rizos de tu nuca y la revuelta de besos medrando.
Es algo así como cuando, después de mil noches,
te pregunta tu amada quien eres y te sorprende no saberlo.
Si, sólo son espejos que proponen disgregarte, explorar los silencios,
romper la melodía del orgasmo compartido, estéril y sin raíces.
Por eso, un día de estos, como la muchacha que agrede
con su indiferencia, sin venganzas, ni tramas, caminaremos a la par,
serás la ultima flor del otoño y volveré a vivir los titubeos
de tus huellas, los trazos de tus caricias, el eslabón de tu sonrisa
que cubre mis recuerdos y aún mi futuro, que arrulla la música
del tiempo, el guiño de la brújula, el ritmo del espacio.
Del nuestro, claro. No sé, puede que siga saltando, como ayer,
de creencia en creencia, desasido e instalado en la duda.
Sí, tanto tiempo amándote y nada sé de ti más allá de cómo te veo.

domingo

LOS HÁBITOS VULNERADOS

Huidizos y persistentes, tatuados, los hábitos vulnerados se esconden en el meandro de la vida. Asombradas tus pupilas propician la oración nocturna y la prudencia queda envuelta por la cobardía. La constelación nace como de un mestizaje pasado confuso, de inverosímil bohemia y anota perversiones leves. Dan la frescura a tu vientre solícito y orientan la sublevación que navega hacia tu península, desnudan la vigilia del niño dormido. Agazapada, la caricia que nos hace humanos, de hinojos sobre los meandros del universo de tu piel, registra que primero fue la seducción y después nos amamos Los hábitos vulnerados dejan huellas y despojos de amores traicionados, adornan ruinas, habilitan sordinas, advierten de la inocencia del mayoral, y permiten dudar, hasta que amanece y observamos que amar deviene amante y construye sueños.

miércoles

SABORES DE LA ESPERANZA.

Levantas el vuelo y cierras la mirada como si huyeras
del futuro, de la aurora, del mar, de la palabra.
Sí, el desengaño siempre es cobarde, casquivano, voluble.
Pero no huyes, puede que nunca llegaste,
y si estuviste, fue de paso, cubierta con la casaca
del soldado ajeno y la turbulencia del corazón,
incluso puede que con la incontinencia del sentimiento.
Si al menos supiéramos cómo llegó esta luz,
instada por qué extraño beso tomó asiento
en nuestro espacio, qué gesto fue el que lo despertó.
Habrá que prescindir y acomodarse a la esperanza,
al vértigo núbil de tu presencia, al peregrino saldo de tu sexo,
saber que en los escombros y en el silencio medra el desengaño.
Todavía nuestra piel y las mariposas lo delatan.
Pero si un día me miras, no habrá margen para la duda,
y te perpetuarás, péndulo carmesí enamorado.
Tal vez savia blanca, o puede que naranjo amargo.