miércoles

Prólogo de HILARIO BARRERO a MATERIAL DE DERRIBO

DE JANIS JOPLIN A ALBINONI

Carolyn Kizer, premio Pulitzer en 1985 por su libro Yin, piensa que «All really good poetry should have a mysterious element in it». Kizer habla de dos tipos de elementos misteriosos u oscuridades. Por un lado está la que uno crea porque no ha sabido expresarse bien, lo que da como resultado «the bad obscurity». Por otro lado, «there’s the kind of good obscurity when you’re really dealing with things that have an element of mysterious in them». Kizer termina diciendo que «los poemas que leemos una y otra vez son los que todavía tienen «a little area that we’re not quite sure about». Estos poemas estimulan nuestra propia imaginación a pensar y sentir.
En Material de derribo encontramos el lado oscuro de la vida del poeta y el lado claro que nos hace leer una y otra vez la mayoría de los poemas porque son un estímulo para nuestro corazón y para nuestro sentimiento.
Pero hay que decir enseguida, para que no haya duda, que Material de derribo es sobre todo y ante todo un fascinante libro de amor y sobre el amor, todo envuelto en una reflexión cívico-social-política. En ocasiones en sus poemas el pretexto del poema, la reflexión moral y el tema derivan unos de otros. Un texto que quema y que, arropado por otros nobles materiales, lucha por romper los límites a los que el poeta le ha confinado.

Tan liviana como imprescindible,
ni cerca ni lejos, ni mar ni cielo,
mujer de mil deseos, aún dormida,
contrafuego del sexo blanco,
llegas desde el placer del verbo
como la sal mineral sobre el fuego,
huyendo hacia mis brazos,
como el alba de la noche, disuelta y cautiva,
como el beso de la joven madre viuda.


Desde el punto formal son tres los obstáculos que pueden dificultar la entrada al recinto: el significativo y equívoco título del libro, los sensacionalistas títulos de algunos de los poemas que, para el lector primerizo, en apariencia no tienen ninguna conexión con los poemas y finalmente la consciente inclusión de innecesarias frases que acompañan
a cada poema.
¿Y por qué este título? Aquí nos ayuda el poeta con sus palabras: «Creo que todos trabajamos con material ajeno, anterior a nosotros o contemporáneo, depositado en mil y un escritos, cuando no en la lengua coloquial. Poco más podemos hacer aparte de reordenar buscando, mediante el choque del material de derribo que recogemos, alguna chispa que ensanche la realidad depositada y usada en las palabras y que así adquiera un toque personal que se aproxime a decir algo de esa pequeña parcela de cada cual que nos hace únicos».
¿Y quién es este obrero que trabajando con material ajeno logra edificar un edificio único? En la época franquista José Garés fue un francotirador. (Nunca mejor empleado el sustantivo) por lo que fue encarcelado. Empezó a escribir alrededor de los 20 años y fundó la revista de poesía «Grama» en la que colaboró Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, entre otros. Publicó un pequeño poemario en la colección Arrecife. Posteriormente abrió una librería con un grupo de amigos a través de la cual (últimos años del franquismo) entraron en contacto con grupos de la izquierda clandestina. En septiembre de 1975 le detuvieron y estuvo dos años en la cárcel hasta que le amnistiaron en el ‘77. Estando en prisión publicó un poemario en catalán Falç sense mà con un prólogo de Joan Fuster. Fue diputado socialista durante doce años y en 1997 abandonó la vida política.
La política, avariciosa como la muerte, le alejó de la poesía. No es buena compañera la política para la poesía. Toda poesía política acaba en un panfleto. Ahora, ya con la experiencia de una vida a sus espaldas, el poeta reflexiona y redescubre sobre el amor y otros aspectos fundamentales de la vida y su poesía brota generosa y llena de fuerza.

Pedían soluciones y ofrecimos caminos,
abandonamos y muchos nos siguieron,
y un día descubrimos que detrás de cada mal uso
hay una beneficencia.
Lentamente nos desplazamos
de la vigilia al desencanto, sin casi mutilarnos,
tratando de borrar los largos espacios
temporales, anónimos casi siempre.

Entremos ahora a quemarnos los sentidos en ese fuego descontrolado. Las piezas de este museo traen consigo incrustados vestigios, señas de identidad de otras nobles edificaciones. Referencias que junto al título nos indican el proceso histórico y culturalista en la génesis del poema y de la ideología del poeta. Lo primero que se advierte en este libro es que el poeta le ha perdido el respeto a la poesía. Lo que está muy bien. Para escribir un poema no hay que ponerse serio. Hay poetas que escriben un poema vestidos de frac y otros, como en el caso de Material de derribo, vestidos de calle. Vestirse de calle tiene para José Garés un hondo significado social y político. En algunos poemas podemos observar que el poeta, sin que podamos catalogarlo de poeta social, está más próximo, por ejemplo, al «Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos», es decir, a la poesía de lucha y compromiso, que a la poesía «pura» y minoritaria de alguna corriente de los setenta, y sin embargo utiliza algunas técnicas de las vanguardias de entreguerras.
¿Hasta qué punto la disciplina de la política dejó marcada para siempre la estética del poeta? ¿Cuál de estas voces, –el poeta, el enamorado, el político, el ideólogo desencantado–, debemos leer? ¿Quién tiene la voz más clara? Según uno se decante por una o por otra percibiremos un aire de nostalgia, un fuego descontrolado, consignas de disciplina, letanías ateas.

Hay días que nacemos únicos, tan solos que nos asustan
los largos descubiertos que adornan nuestra corta historia
y nos aventamos, solemnes, como la mies en la era, desenfadados,
como un obradoiro desierto, como la corteza de la miel del clan.
Cuando la luz se apague y la ciudad caiga, volverán áureas bandas
y los vientos del sur nos llevarán a los tres caminos de una sola puerta.

¿Qué prevalece en este libro que es como un torrente incontrolable? Después de todo, al poeta, le queda la palabra. La poesía para José Garés es «un intento de, utilizando las palabras que usan unos cuantos millones de seres, y habiendo pasado por caminos transitados por otros tantos millones, hablar de algunos sentimientos propios manteniendo la quimera de que alguien me entenderá. Una manera de forzar las palabras intentando sacar nuevos jugos».
Pero mientras que el poeta, el hombre, estaba en la calle en la lucha dialéctica y tratando de derribar edificios totalitarios se encontró y compatibilizó su tiempo con el amor y la férrea disciplina «del partido» se dulcificó y se flexibilizó.
Material de derribo no es un libro uniforme, como un buen museo, tiene piezas más valiosas que otras, todas de primer orden. En este sentido este libro puede parecer una antología donde se aprecia la evolución del poeta. El libro se podría resumir, en su faceta culturalista con estos dos versos:

«Ya ves, te fuiste con Janis Joplin
y regresas con Albinoni»

Es decir: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos» «De Janis Joplin a Albinoni y el regreso del desencanto». Material de derribo es un libro vendaval, es como si el poeta hubiera estado mudo, preso o maniatado (como evidentemente estuvo), como si hubiera perdido demasiado tiempo en la política, olvidando a la poesía que golpeaba en el pecho del poeta, como si hubiera deseado escribir y no hubiera podido hacerlo. De pronto, libre de compromiso político y social, sin ataduras (solo con las del amor), reflexiona, expulsa –vomita– todo lo que había guardado dentro.
Donde hay amor no puede haber degradación, pero puede convertir lo negativo en desengaño y puede resaltar la carga maldita que hay en la mayoría de los poemas de Material de derribo. En todo poema, decía Jorge Guillen, hay un lado maldito, como hay un lado bendito.
El libro conecta, para bien o para mal, con la historia de la poesía del siglo XX: con el magisterio de Juan Ramón Jiménez o el de don Antonio Machado, la poesía amorosa de Neruda, la sombra de algunos miembros de la Generación del 27, un ramalazo de Celaya o Blas de Otero, la presencia de algunos «novísimos» y de la de los del 50, y una aproximación a la poesía de la experiencia, hasta conectar con algunas de las corrientes del recién nacido siglo XXI. Sobre todo en el libro hay una especie de complot para, a veces, desestabilizar al lector, complot que choca con una fuerza que arrastra hacia alturas y profundidades insospechadas y una sorprendente y casi irritante energía, vigor y fuerza. Material de derribo está tocado de esa luz cegadora, milenaria y mágica de los que viven en el mediterráneo, sin olvidar una de cal culturalista y otra de arena popular.

Vengo del mar, porque todavía nos une
su envoltura, y el empuje de sus olas
me recuerda el tacto de tus pechos.
Pero no de un mar, no... hablo de nuestro mar,
del único, en el que tantos dioses
han sido vulnerados por el tiempo
y miles de naufragios de soles reposan
en brazos de la luna...

La poética de José Garés, según sus propias palabras, podría sintetizarse en «Háblame de lo que quieras, pero sorpréndeme y descúbreme nuevas formas de mirar, con las que pueda hacerme cómplice». El poeta, no importa el desencanto, las puñaladas, las cárceles y las sentencias, o precisamente por todo esto, sigue esperando a Godot y aunque silba a lo lejos el tren en el que puede viajar, el tren nunca llega. En su espera el poeta tortura a la Poesía, la maltrata, la exprime, le imprime un nuevo brillo y la Poesía se deja, lo agradece y vemos una gran complicidad entre los dos.
La poesía de José Garés es un testimonio, un testigo de la biografía del poeta que va desde su época de inocencia, pasando por su época de compromiso social, para terminar en el otoño de su vida en una reflexión sobre la palabra y la filosofía de la vida, sobre el amor fogoso y arrollador, sobre la vida de tantos a la vez que la suya. Material de derribo «intenta ser también –según palabras del poeta– una reflexión poética sobre algunas circunstancias sociopolíticas y culturales de una generación que apostó fuerte por el cambio y que ahora se siente parcialmente fracasada».
En la poesía de José Garés observamos tradición y modernidad, un lenguaje de cotidianidad que el poeta mantiene en una conversación consigo mismo, con la amada y con todos nosotros. Es una poesía barrocamente desnuda, lo que no deja ser un oxímoron. Poesía difícil a veces, deslumbrante siempre, rica en imágenes, contenida en la música, controlada en el ritmo. Como la poesía que perdura en el tiempo, cuenta lo de siempre, pero con «distinta agua», aquí sería, en ocasiones, con distinta mala leche. Una poesía que hace lo viejo nuevo y lo nuevo viejo.

Lo único cierto es que un día,
como al bies de nuestra historia,
me iré sin rumbo.

Juan Ramón Jiménez lo había dicho: «...y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando /; y se quedará mi huerto con su verde árbol /, y con su pozo blanco».
Hemos tenido que esperar muchos años para que el poeta, libre, volviera a sus raíces. Y «aunque algunas ideas o imágenes sobre las que se traban algunos poemas, vienen casi de mi prehistoria, en tanto que poemas más o menos elaborados todos han tomado cuerpo el último año. Pero ya se sabe, la memoria y la experiencia son vasos comunicantes y sabes donde empiezas pero no donde terminas.» Nos dice el poeta, y confiesa: «He amado y me han amado.» Y con Lope de Vega, que tanto sabía de esto, pues lo probó y lo supo, coincidimos en el amor del poeta y del sorprendente resultado de este amor.
Material de derribo es un libro extraño, esquivo, vivo, un libro edificado y hecho con nobles materiales de derribo que entronca con la tradición y con la modernidad: «Porque amar y hacer versos todo es uno; que los mejores poetas que ha tenido el mundo al amor se los debe». Y aquí tenemos uno. Si en el atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor, Material de derribo es un libro que nos puede salvar.


HILARIO BARRERO DÍAZ

Hilario Barrero Díaz nació en Toledo y vive en Nueva York desde 1978. Es doctor por la Universidad de la ciudad de Nueva York. Ha enseñado español en la Universidad de Princeton y en la actualidad es Profesor titular en Borough of Manhattan Community Collage de Nueva York. Ha publicado varios libros de poesía, un diario del que se llevan publicados tres volúmenes, un tomo de cuentos. Ha traducido al castellano a poetas norteamericanos publicados en España y ha participado en diversas antologías. Escribe crítica y colaboraciones en numerosas revistas especializadas de España, EE.UU. y América Latina.

sábado

COMPLICIDADES Y DESVERGUENZAS DEL ARMISTICIO.

Nunca creímos que tanta brega solo pretendiese saber
quien dirigía la derrota y sepultaba nuestros sueños.
El sendero que nos llevó hasta la superficie, nos orilló
en los amplios ríos que se esparcían por nuestra infancia.
Desde aquel día pasan los incendios, la luna se despierta sin grillos
y en cada acorde final nos hundimos, mientras la luz,
todavía hoy, rodea la hierba y el indefinido color del silencio.
Ahora, solo el rayo quebrado y el noble saludo del lobo nos conducen,
algo así como cuando con los besos robados la tierra rodaba.
Sí, tal vez volvamos a vernos donde la calle se pierde,
y hasta puede que, si vaciásemos los vasos, temblarían los rivales.

lunes

LA HEURÍSTICA DEL CENTINELA

También en aquellos tiempos heroicos
vimos sonreír a los ciegos, bailar a los cojos
y cantar a los mudos. Adolescentes,
amamos los cuerpos, mientras los dioses
dormían a la sombra de las abadías.
Hoy, apenas mercenarios de la libertad,
centinelas del nexo entre la vida y la muerte,
nos llega una palabra, dos a lo sumo,
y sonreímos al saber que son los brotes
de aquella semilla que resiste en nuestro valle.

miércoles

NUESTRO GRAND POINT Y EL ZIGEIHST

Todavía tengo dudas si no fue una trivialidad.
¿Celebrábamos un entierro o un parto?.
Del placer de nuestro encuentro,
la víctima fue la realidad
y con el primer saludo supimos que teníamos
un largo pasado y una corta historia.
El círculo fue persiguiendo nuestros pasos,
y la dimensión oculta de los sueños
serenó la mirada que construye,
atrapó las promesas y durmió la vocación
intermitente de huir de lo que éramos .
Tres suspiros, la muerte sobre el mar…
y una solución mítica para el desamor.
De poco nos sirvieron los secretos comunes.
Tú que siempre fuiste luz total
buscaste cobijo en mi sombra,
y en una de las vuelta de la noche
perdimos ambos el perfil
y nos sumamos al circular torbellino de los besos.
Eran otros tiempos, quizás. Lo cierto es que
cuando llegó Amélie, tú y yo volvíamos.
Tuvimos que mirar como sorprendidos.
Era, ya lo sabes, la nostalgia evangélica
de la región ignorada, del Sinaí disuelto,
o tal vez la nostalgia de saber que ya nunca
encontraríamos el centro ni la periferia.

viernes

Dirección Brooklyn.

DE GABRIEL MIRÓ A HILARIO BARRERO, PASANDO POR CERNUDA.


"Dirección Brooklyn" es el tercer volumen que publica Hilario Barrero con este formato de diario. Los dos anteriores son, Las estaciones del día y De amores y temores.
Direccion Brooklyn es un libro que, aunque formalmente está secuenciado como un diario en el que va anotando algunas observaciones y reflexiones sobre algunas de las cosas u hechos que le rozan, Barrero aprovecha, en ocasiones, de forma aparentemente aleatoria, cualquier detalle para, en un continuo flash-back, transformarlo en un libro de memorias cuyo hilo conductor no son los días que durante su vida, desde la infancia hasta la madurez, recuerda haber vivido, sino los días que mientras escribe vive ahora y en Brooklyn, su actual residencia, confirmando lo que decía J.P. Lavall, “Escribir de otros es una forma, de las muchas que hay, de escribir sobre uno mismo”.
De esta manera, Brooklyn aparece como un telón de fondo sobre el que los personajes del libro, que son la mirada y los recuerdos de Hilario Barrero, pasean. Podríamos decir, que Barrero, en un ejercicio de humildad casi franciscana, nos propone en el título del libro hablar de Brooklyn, cuando en realidad nos habla de sí mismo. Como los magos que procuran centrar la atención del espectador en alguna triquiñuela evidente, mientras realizan todos los cambios en el resto de su parafernalia para que de repente, ¡voilà¡, misteriosamente aparezca el objeto no anunciado, así Barrero nos anuncia un diario de una ciudad, cual gacetillero neoyorquino, y nos deja caer en un excelente texto cuyo personaje central es él mismo. Barrero, más allá de las diferentes clases sociales y etnias que pululan por Brooklyn, entra directo a la persona y lo hace desde un profundo humanismo solidario. Sin duda una actitud claramente definitoria de su personalidad. Como decía A. Hauser, “la mentalidad de un escritor no es tanto por quien toma partido, como a través de quien mira el mundo”. Pero en cualquier caso, nada que ver con un escritor déclassé
En 1960, en su ensayo “Lingüística y poética”, se preguntaba R. Jakobson: “¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte?”. Posteriormente, en 1971, G. Díaz Plaza tratando de explicar qué es la prosa poética señalaba, “el mayor acontecimiento estético de nuestro tiempo es el de la creación de un lenguaje capaz de alcanzar los elementos propios del verso, la tensión y el ‘clima’ propios de la poesía”
A partir de la pregunta de Jakobson y de la contestación de Díaz Plaja, aunque sigue en vigor el problema de definir teóricamente la prosa poética, al menos se nos abre un ángulo de lectura, una perspectiva interesante para leer “Dirección Brooklyn” y llegar a la conclusión de que nos encontramos delante de un texto escrito en “prosa” pero de un magnífico poeta. Y el poeta se introduce adquiriendo, en muchos casos, un protagonismo central.
Sin duda, el ejercicio literario que realiza Barrero es sumamente delicado, como el del equilibrista que se desliza por un cable a 10 metros de altura, realizando el triple salto sin red al final del trayecto. Barrero, teniendo a un lado, no el verso, aunque una lectura dirigida puede incluso extraerse versos pautados,
...el teatro de sus gestos se encarceló de sombra / su cuerpo se quedó inmóvil como un árbol, / atravesado por una flecha venenosa / como un pájaro con las alas de seda, / un río con las orillas llenas de ortiga, / una hoguera de cieno. (“Dirección Brooklyn”, pag.41),
pero sí la poesía, y al otro lado la prosa desnuda y cuidada, se desliza suavemente, inclinándose a un lado y a otro, sin tomar pié totalmente en ninguno de los dos. Lo cual demuestra un dominio de la palabra, de su música y su ritmo verdaderamente encomiable y que inevitablemente nos orienta respecto a una de sus pretensiones, posible en quien tiene un largo camino de estudio y elaboración de textos poéticos y que podemos denominar, prosa poética, con todo lo inconcreta que esta denominación mantiene. En cualquier caso, eso sí, un espléndido libro.
Más acá de los ejercicios literarios de este tipo, que los modernistas de finales del XIX realizaron de prosa poética, siguiendo a los simbolistas y el impacto de Baudelaire con sus poemas en prosa donde dio ejemplo de “glorifier le cult des images, ma grand, mon unique, ma primitive passion”, el libro de Barrero está más cerca de las estampas de Gabriel Miró en su Libro de Sigüenza y su peculiar entonación poética, en palabras de Baquero Goyanes, y en otros numerosos casos, por la estructura, el simbolismo y el ritmo, de los sesenta y tres poemas en prosa de Ocnos de Cernuda, éstos escritos desde el exilio mexicano y en continuas referencias a su infancia y juventud en Sevilla, y en "Dirección Brooklyn", desde Nueva York en numerosos recuerdos y evocaciones del Toledo de los primeros 20 años de Barrero.
No se trata de proponer al lector que al leer “Dirección Brooklyn” entre en una convención semiótico-literaria que fuerce la lectura del texto, pero sí explorar un proyecto textual que está implícito y que asoma en ocasiones, tal vez no el primigenio, ni quizá el más fundamental, pero si una perspectiva, entre otras posubles, que ofrece una comprensión decisiva para responder a la pregunta de quien habla o construye la polifonía que es, en última instancia, todo texto con un alto componente poético, y sobre todo desde dónde. Aquí conviene recordar que, como dice U. Eco, el escritor realiza “un complejo trabajo de manipulación de la expresión, estimulando la capacidad interpretativa del destinatario”.
Conforme vamos leyendo las anotaciones de cada día, en muchos casos pudiera dar la impresión que Barrero intenta mantener una actitud aparentemente de observador imparcial, de fotógrafo stendheliano que va anotando cuanto sucede a su alrededor, como si quisiera darnos a conocer su actual ciudad sin más, comprimiendo el sentimiento y manifestándolo únicamente cuando nos habla de una tercera persona o acontecimiento en lo que aparece como un inocente deslizamiento de un espejo, e intercalando tímidamente alguna apreciación personal. Pero como demuestra el psiconeurólogo, profesor en Harvard, Pascual Leone “El cerebro solo ve lo que busca”, lo cual ciertamente nos lleva a hacer una pirueta intelectual y darle la vuelta, como a un calcetín, transformando el axioma escolástico de ver para creer por el, al parecer más riguroso de creer para ver. De tal modo que el lector atento observa como “Dirección Brooklyn” con frecuencia, rompe la aparente objetivación del texto que traiciona la pretensión del autor, si es que tal hubiese sido su intención. Y así, mediante este recurso, consciente o no da igual, Barrero nos cuenta de sí mismo sus sensaciones, los sentimientos y los recuerdos que lo que observa le provoca y que considera debemos saber. Conviene tener en cuenta que todo recuerdo, en tanto que recuerdo, lo es desde el hoy que el autor vive y relata, de manera que si todos somos producto de nuestra historia inevitablemente, ésta se recuerda contextualizada y en interacción con el hoy desde el que la recordamos siempre. De aquí que probablemente dentro de un año el mismo recuerdo tendría un perfil distinto a cómo lo recordamos hoy y por consiguiente produciría un texto asimismo diferente.
En el caso de “Dirección Brooklyn”, lo que importa , en esta lectura que propongo, no es desde dónde ni con qué técnica Hilario Barrero nos está contando su vida, sino cómo. Tengo la impresión de que es ahí donde reside la importancia de "Dirección Brooklyn". De hecho, desde una deriva sociológica, aspecto no pretendido, al parecer, Barrero podría contarnos aproximadamente lo mismo viviendo en París, Roma, Madrid o Buenos Aires, ya que seguro en cualquiera de estas ciudades encontraría los mismos elementos objetivos que le provocan los estados de ánimo que, en última instancia, es el objeto del libro. En este sentido y como una lección marginal, pero no baladí que nos ofrece el libro, sería sugestivo hacer una lectura atendiendo a los efectos de la globalización, considerando lo mucho que se parecen los ciudadanos de estas ciudades nombradas u otras que se nos puede ocurrir. Unos comportamientos, los de los habitantes de estas metrópolis, que hace escasamente 40 años no serían tan parecidos ni previsibles. A caballo de La tercera ola de Toffler, de la aldea global se evidencia en su expansión inexorable.
Pudiera parecer, pues, habida cuenta de que el único sujeto claramente definido y evidente del texto es el autor, que estamos delante de una obra eminentemente lírica, pero tampoco es exactamente así. Hilario Barrero, comedido, entrañable e intimista de una intensa humanidad, desparrama su calidez por su vecindario, compañeros de trabajo, transeúntes...por dondequiera que arrastra su humanidad. Barrero que es un cuidadoso y exigente melómano, amante y buen conocedor de la ópera, continuamente nos cuenta sus asiduas asistencias a las mejores audiciones que se ofrecen en el Metropolitan Opera House. Cuando pasea por las calles de Brooklyn y observa las gentes que van y vienen, por la calle, en el metro, que vuelven cansados del trabajo o se lanzan, aún medio dormidos, al fragor de la vida diaria, se diría que preside su mirada un sentimiento agridulce de amor y tristeza, como si estuviera observando grandes coros que actúan según la partitura y el libreto de una ópera. Generalmente más cerca del Coro de los esclavos de Verdi que del coro de los peregrinos de Wagner. Un intenso y diluido sentimiento que preside la palabra de este excelente escritor y poeta que es Hilario Barrero y que forma parte del clima que nos posee desde la primera anotación en el primer día, Domingo, uno de Enero de 2006.
"Dirección Brooklyn" es un texto que exige varias lecturas, una primera que te engancha y te lleva, día a día, hasta el final, como si de un libro de aventuras fuera, y otra que reclama la reflexión necesaria para descubrir la vida, obras y milagros de un maestro de la palabra y del verso y solazarnos en el gozo y el placer. Y en una lectura al bies, una reflexión sobre una de las modernas Torre de Babel.

sábado

DEL OTRO LADO DEL MURO, MI SEÑORITA MALONE.

Debería suponer que tu silencio destruiría el presente,
que todavía no existe el artilugio que mide el tiempo
que oscila entre dos besos dormidos en la distancia.
Sí, somos hijos del conflicto entre el pasado y el futuro
y si la duda, a borbotones, crece, es que la fe vacila.
Ni tan solo nos queda la historia para escondernos
y están cegados los caminos de regreso. La madurez.
Ya sabes, han tapiado el evangelio de la violencia
y algunos, por miedo al desamor, navegan sin bandera.
Pero tú y yo fuimos en el espacio, no en el tiempo,
y como si fuéramos dueños de la vida, decidiremos
cómo morir, cuando y sin apatía postrevolucionaria.

lunes

DIVERTIMENTOS DEL VERBO

Aros de luz verde tus labios, tan explícitos siempre,
preñados de vida tus pechos, coronados de ansia,
tus bucles terso misterio, dócil seda multicolor.
La solidez de tus muslos, frágiles a mi llamada,
las nuevas promesas que divulgan olvidos desnudos,
como la nieve azulada que sobresale en el bosque.
Tu frente, camino abierto, accesible, quebradizo,
y sujeta al tiempo incógnito, al recato del deseo.
Mejillas resueltas, firmes, siempre urgentes, delegadas
y la impecable transparencia de tus ojos. Únicos.
Y más allá, fue, como todo amor real, imposible
camino larvado por los umbrales de la retórica.
Inmune de tantas dianas, del country y sus tatuajes,
levadura musical, fiel óxido de tantos sueños.

ROMANCE DE POPOVA Y LA INFINITA ROSAURA PARA MEDINE MEMI.

“El arte es la forma; la técnica son la foto, el cuadro, el poema, la estatua, la canción.”
J.P. Lavall

Para huir tenemos que recordar que los hechos no existen que los colores son una creación humana y los recuerdos nunca se repiten sino desde el hoy dónde quedo tu carita cómo resiste el descampado y las fogatas truncadas o la túnica a la deriva del malaït profeta quo vadis Medine de efervescentes ingenuidades cobijo y compostura de la máscara atónita y sin mar dónde fueron tus manos tu vendaval rosado la nómina de tus deseos la esperanza de tu desenfadado futuro de tus negros ojos apagados de las tertulias y las caricias de las baladas y las sobredosis ahíta de historia sin apenas respuesta frente al blues solapado al muyahidin moribundo frente a tu armazón de plumas al vértigo de tu sonrisa que abofetea el milagro de su misógina barba del cubil de sus entrañas supervivientes del odio del ángel caído del cielo fantasma del escarnio y de la pocilga dónde mirar pues cómo no desvanecer nuestras dudas cómo no exigir que exista la eternidad para encontrarte un día y pedirte perdón si encadenados a la vida tuvimos ganas de vencer...qué tiempo tan feliz.

martes

LOS NUEVOS HORIZONTES DEL PARADIGMA DEL BIG BANG.

“Utilizar una piedra por primera vez no es cultura.
Establecer qué y cómo la función puede repetirse, sí lo es”
Umberto Eco.


En un principio fuimos funcionales, contenidos,
atentos, y tuvimos que entornar la luz
para que no nos cegaran las sombras.
Tantos ritos que en el fondo del mar duermen,
arrugadas las huellas, amarga la ternura,
y nunca vuelves la misma si te evoco.
Quién sabe de qué edén hablas, cuando sonríes,
ni en qué perdido universo huyes si te miro.
Atisbos que se deslizan y comulgan
con el orden de las cosas, y la empatía
del proceso urbano. Soliloquios y abanicos.
Sí, fue una aventura abandonar la cuna
y encontrarnos, en el instante cero de nuestra historia,
envueltos y escondidos en las dimensiones ocultas.