jueves

EL LABERINTO DE LA MEMORIA (Antología) (III).


Sobre mi pecho nos hicimos singulares, o fue suficiente romper cadenas sin conseguir abrir los eslabones. Armamos espectáculo de la entrega sin caer en la cuenta de la conveniencia de disolvernos, como si nuestro encuentro y sus consecuencias hubieran sido tan solo un vuelo de apareamiento y desconocidos nos estrecháramos a tientas. Aunque, ahora que tengo el tiempo por aliado, confieso que siempre deseé, no tus nalgas, pero sí lo que sugieren. Algún día notarás sobre tu piel, debajo de una de esas robustas e intensas moreras que rodean tus sueños, el reverberar del beso concupiscente, el delirio telúrico que penetra en los más extraños desatinos y nos hace universales, a pesar de la banalidad con que, a veces, nos amamos. ¿O acaso la sucesión de tiempo que organizamos como una vida es algo más que saltar de encuentro en encuentro hasta encontrar el vacío? En fin, voy a olvidarte pero para reconstruirte. Qué más da de dónde vienes ni si me esperas. Ni si en las noches más impetuosas crujes como el agua en mitad de la hoguera. Quién sabe mañana qué recuerdo de este momento tendré.

lunes

EL LABERINTO DE LA MEMORIA (Antología) (XVIII)


“Sarebbe stato suicida resto sulle cosce” sin percibir qué vientos levantaban tus deseos y tantos otros pliegues que anunciaban el choque de tus manos con mis más poderosos y ocultos secretos, en tu afán infantil por poseer todo cuanto ajeno pero, a imagen y semejanza tuyo, deseas. ¿Cómo pretendías poseerme sin renunciar al orden que nos hace iguales? ¿Acaso no sabes que solo un amor sin futuro conduce al placer con naturalidad y ambos, desde niños, apostamos por un amor sin historia? En alta mar, sin más luz que la sobrante, fui tuyo unos momentos, los justos para admirarme de tu vigor, de tus deseos de sobrevivir y prolongar tu especie, de afrontar pasiones y desmanes, de hundirte en el placer ciego y buscar las corrientes, a tus caricias sujetas, que empujen la nave. Para mi, qué más da hacia dónde; por eso fuiste el capitán de la nave y yo el grumete sometido a tus poderes y supe del dolor, “penetração e vida”. Ni héroes ni villanos. Porque yo tengo la juventud y tú el recuerdo, yo la belleza y tú el aprecio y ambos el candil de la vida. , es el secreto que todavía perturba al hombre y a la mujer.