martes

TRIVIALIZACIÓN Y DESLIZAMIETO (Rondó postmoderno)

Las apariencias propusieron que ambos fuéramos, mujer y hombre, por deseo del otro, aunque nunca renunciamos a ser cada cual como el espontáneo manantial que titubea convertirse en río o mar, como siempre quisimos sin apenas conciencia. Todo era posible en aquellos tiempos. Todavía es un misterio quien medió entre los dos. Pasó el tiempo, siguen los ribazos, pero el sol es difuso, casi azul de enamorado, desierto de odio y llanto y tu boca que se negó a seducirme, ahora gime y desespera por un sucedáneo mientras que a distancia y en paralelo tus pechos sobre los míos lloran. Mucho antes de ser tú un mito, mi palabra ya era un ritual que, contra todo pronóstico, buscaba la transparencia, un pilar recio donde tu primavera morase, sin más temporalidad que los puntos cardinales y el orden jerárquico de la referencia. De ahí que tus ojos me pierdan cada día y me ganen cada noche. Así fue cómo tu exactitud se abrazó a tu descaro, estableció su norma y emergieron las relaciones, mucho más allá de donde tu luz alcanza y tu templo adquiere el refugio. Memorable magisterio, tu cuerpo fue más que el placer que promueve la vida, y ésta sobrepasó la natural belleza de tus formas, deseadas y conseguidas por tantos. Fue suficiente cambiar el orden de tus pasiones y manipular la erupción para incorporar lo claro y lo confuso huyendo de lo incomprensible. Ambos fuimos objeto de deseo y cualquier posición nos conducía al centro.