jueves

CRITICA DE LA RAZÓN PURA O LA DULÇAINA DE JUAN DE MAIRENA

“de esta segunda inocencia
que da en no creer en nada”,
Antonio Machado



Desde entonces cabalgamos tantos mundos
como puertas abrimos.
Clausuramos la esperanza espoleados
por la desesperación
y todo terminó con cinco tiros,
tres plegarias y una mar abierta
por donde se perdió el privilegio
que ensancha la historia.
Recorrimos tantas noches como espasmos hubo
por los espacios vacíos subvertidos
que aún resuenan.
Qué impropios y diminutos,
tantos proyectos hacia el silencio
entrecruzando nuestros caminos,
las manos fueron testigos de nuestra esperanza
y sumamos las cercanías que construimos
separadamente, ahítos de trascendencia y decoro.
Todavía se me nubla el cuerpo
y te dispersas en los recuerdos
y los limpios amaneceres
que sobre tu piel depositan los áridos besos
del bonito sueño que rodeamos
de geranios rojos, de rosas aladas, fugaces,
y en vano tratamos de encontrar
un código común, abrazarnos a tientas,
compartir, navegar por la orilla de tu mundo
sin desertar del mío, ciego,
porque siempre anochece
y me basta con saber que sigues ahí,
que aún me recuerdas desde el envés de tus cabellos
con los que amamanté mi futuro,
huyendo de la orfandad de elegir
entre las sendas que cada día abría
el amor presentido, inevitable estancia,
donde vinieron a reposar los días desenfadados
y primitivos como el pan y la leche,
el manantial y el regazo o ¿porqué no?,
como el carrusel y la bruja,
la soledad de ida y vuelta,
o la convicción de ser prisioneros
a la espera de saber de quien y dónde,
qué extraña luz ata tu verso y el paraíso.

sábado

MATERIAL DE DERRIBO.

Aquella fue la guerra más extraña jamás contada. Todavía hoy, los historiadores no saben qué decir de la misma, tal vez porque, como siempre, los que la ganaron que son los que deben dar la líneas maestras del discurso, prefieren difuminar su victoria. No por vergüenza, no...sino porque la explotación del éxito pasa por seguir difundiendo que no hubo guerra, y si la hubo la ganamos todos.
Pero quedan datos no aclarados, que nos hacen pensar y nos sitúan en el centro neurálgico de la historia. Algo así como cuando el capitán Peláez, se cuadró ante su coronel y le dijo:
“Mi coronel, siento decirle que con tantos cambios tácticos, yo y mis hombres ya no sabemos quienes son los nuestros”.
Nada se sabe respecto a qué contesto el coronel.