jueves

LA LUZ DEL AMANECER SE DESPIDE EN EL CREPÚSCULO.

“Entre vivir y narrar existe siempre una separación, por pequeña que sea।
La vida se vive, la historia se cuenta”
Paul Ricoeur.

Fuiste hija antes que madre,
también descanso y refugio.
Todo se hizo en ti agua,
fuego y aire, antes que tierra.
Aún hoy, de puerto a puerto,
navegamos juntos, nos besamos
y tu mirada es un destello de esperanza.
Adherido a mi piel quedó
tu último ruego, cerca tu voz.
Temerosa y confiada,
como la rosa abierta del verano,
recuerdo que llegaron muchos
en auxilio de lo idéntico
y ejerciste de tierna con tu amado.
Querías parar el mundo.
Solo los inocentes intentaron olvidarte
sin haberte amado, sin saber
la luz que absorbías,
la ubicuidad de tus caricias,
la larga sombra que proyectabas
sobre tus retoños y ausencias.
Se disipó la murga de la trompetería
y te llegó la paz, la irrenunciable,
la compañera, la del último viaje,
cuando la venganza quiebra
y transciende el olvido.
Hoy, también en un lecho,
pero más ancho, me ronda tu recuerdo,
tus arrugadas manos,
el beso que aún guardo
y me cubre tu cuidado
para caminar por la luz que mengua,
envuelto por una bandada
de preguntas sin respuesta.
Hoy, la tierra, madre, huele bien.
Hace frío. Llueve.
El mundo deja de crecer
y perdimos la última palabra.

EL RECUERDO, QUE NO LA PIEDRA, ES ETERNO.

“Cuando estamos dentro de nosotros mismos, como si fuera
a través de un espejo, corremos el riesgo de perdemos en nuestro
inconsciente.”
Marshall Mcluhan.


Ahora quedan vientos, montes,
sonrisas y huérfanos los silencios,
la memoria vencida se pierde
en la meditación de la mirada en precario.
Fue el tiempo que amablemente
nos fue venciendo
y apenas nos quedó el frágil beso
y la vorágine de los adioses de tus manos,
del sol lunar.
Tú siempre fuiste la que trajo la luz,
la bonanza, la semilla,
la suavidad a los disturbios,
la vorágine de la paz.
Todavía hoy no sé, cuando cierro los ojos,
dónde duermes,
si hay retorno en nuestras vidas,
si tienen fin las tinieblas,
si deja de crecer la congoja.