sábado

POEMA DE CUALQUIER DÍA.

Y bien.
He aquí que se nos abre una difícil senda a caminar,
un enorme mar de retorcidas veleidades,
de imprevistas emociones a cuatro manos
y de enamorados frutos para la vida.
Algo así como el despertar cantor
del pajarillo anónimo
que anuncia en la alborada de nuestra tierra
la creación segura de un nuevo día en cualquier parte.
Y, sin embargo, intuyo
que solo es un alado pregonero de esta dicha
que inauguramos ayer en nuestros ojos,
en nuestras manos y –¿por qué no?- en nuestras almas.
Porque a un día exacto no le basta amanecer
en las ciudades si alguien no le unge
de innumerables dichas y alguna precipitación de pena
que justifiquen el glorioso alzamiento
de dos cuerpos que se aman.