viernes

SATURNO Y LA TRAVESÍA DEL SINAIA

“Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto
sino llegar con todos y a tiempo”
Leon Felipe

La envidia de la muerte os va tragando
y devora mis recuerdos.
Es como si me despertase trenzado
y a caballo del cansancio,
las miradas tránsfugas y la vigilancia
del beso que duerme, de la caricia
que reiteradamente muere dormida, insensible.
Tanta mar por medio,
dueños de las tres dimensiones
os dejaron desnudos frente al odio de la vida,
del llanto y las candilejas, abriendo el debate
en los extremos de la nada y el infinito.
¿Cómo separar lo que hicisteis de lo que sentíais,
tan libres fuisteis?.
Qué titánicos quedan hoy vuestros hechos
y mis palabras qué pobres, pero aún sois
el contrafuerte de nuestra vida,
el aderezo imprescindible,
y vuestro destierro nos deja
como una caricia que golpea y nos invita,
nos devuelve a los orígenes,
a la obscenidad del sufrimiento,
al dolor de la brasa, sangre cuajada,
oscuro fermento de nueva vida frente
al ferviente vampirismo
del leviatán enajenado, mutilado.
Todavía sois la supervivencia del mito
y amanecéis en cada parto.

JOCS DE FOLÍA PARA VIOLA DE GAMBA.

“Solamente sé que los caminos
de retorno están cerrados”
Celso Emilio Ferreiro

Sin que nadie nos diese una explicación,
observamos que el horizonte ya no huía,
las dádivas de cada día quedaban prisioneras
en el recinto del amor, se dormían,
y entre las manos, como una naranja violeta,
sus muslos nos sorprendieron, deslizándonos,
cogidos del vértigo en ruinas,
del amor a la desesperanza.
Siempre creímos que habíamos ganado
la batalla de qué era la verdad,
pero la hambruna nos dice que perdimos
al decidir quien la administraba.
Fue como cuando, atentos a lo que nos dicen,
olvidamos lo que callan, o las palabras ausentes
que ordenan las instancias del universo y del barrio.
Algunos, los más valientes, conjuraron los poderes
para evitar las prohibiciones
y a despecho de la rabia,
fuimos nómadas en nuestra tierra,
fugitivos de nuestra casa.
Vaciaron el significado y nos dejaron
la rutina de la palabra que nos precede.
Limpiamos con miel y aceite las huellas,
pero quedan las alucinaciones y el llanto,
todo lo que llega desde donde los muertos
guardan la memoria y alimentan el futuro.
Aun así, hemos sobrevivido,
fue suficiente unir la sonrisa y el almendro,
la palma y el alacrán, la luz y la mirada
y tantas cosas que nacen al nombrarlas,
la suave mesura del código babélico,
la nota musical que nos convocó,
el conjuro de las sílabas del desierto,
el eterno abrazo de los vivos y los muertos,
la estación lila donde vive el poema y el recuerdo,
y la redención del orden que nace del caos.