domingo

INB HAFADJA

Siendo niño, en uno de los barrios periféricos donde jugábamos, había dos calles que me llamaban la atención por lo extraño, entonces, de su nombre. Eran calles cortas, apenas unas casas rodeadas de naranjos y huerta, circundadas por acequias y un brazo del río Xuquer en el que solíamos, a escondidas de nuestras madres, bañarnos en verano. Una de aquellas calles estaba dedicada al poeta Ibn Hafádja ( 1058-1139), otra al también poeta, sobrino del anterior, Ibn Zaqqát (1134- ¿?).
Fue de adolescente cuando descubrí un día el libro de Emilio García Gómez “Poetas Arábigo-andaluces” y me quedé impresionado y asombrado por la belleza y la imaginería de aquellos poetas que tanto esplendor cultural dieron a Al-Andalus y en particular a mi tierra durante los siglos, XI, XII. De nuevo aparecieron estos poetas y ya quedaron para siempre. Fue una antología que me acompañó durante muchos años. De hecho el único premio de poesía que he tenido ocasión de promover tomó el nombre de Inb Hafája y afortunadamente todavía perdura.
Posteriormente, en un viaje a Casablanca, cenando en un restaurante árabe, por primera vez escuché unos poemas de Inb Hafádja musicados y bailados por unas muchachas bereberes. Años después, pera esta vez a petición mía, volví a escuchar canciones en un pequeño hotel de Taraudant, al sur de Marruecos.
El pasado viernes, de nuevo tuve ocasión de escuchar poemas de estos poetas alzireños y otros poetas árabes valencianos como Al- Rusáfi, Inb Labbána, Ibn al-Arif, etc. Fue un concierto que bajo el título de “Al-Hadiqat Al Adai`a”, (El Jardín Perdido) estaban musicados por el grupo músico-vocal marroquí “Ensemble Akrami”, al alimón con los valencianos “Capella de Ministrers” que interpretaba maravillosamente cantigas y danzas de las cortes de Jaime I y de Alfonso X el Sabio.
No soy demasiado dado a este tipo de efusiones, pero de vez en cuando se me ocurre, paseando por el campo, recordar algún verso de estos poetas de la “terreta” . 900 años después todavía los siento cerca y me emocionan. Normal, ¿no?.
Os traslado un poema de Inb Hafádja.

A MI TIERRA DE ALZIRA.

A la llamada nostálgica,
al eco del zurcar de las palomas
en el ocaso, yo respondo con vehemencia,
irrumpo en llanto derramando lágrima tras lágrima
mientras se derrumba mi entereza toda, y exclamo:
Alguna vez retornaré
a la tierra de mi Alzira
a calmar mis angustias
y a sosegar mi lecho
y a vagar por sus valles
contemplando cómo hacen abluciones las laderas
de aquellos cerros
con rocío y luego se disipan.
Aquí estoy aguzando la vista en este cielo
por ver el resplandor de un relámpago
que del mío proceda.

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