sábado

DE REPENTE, LA VIDA.

Siempre supimos que sería difícil conocer un poco más
de nuestro mundo sin saber de sus raíces y pertenencias.
Lo creímos tan nuestro que apenas lo vivíamos, diferentes
como somos, incluso cuando no hay tiempo para saber
por qué nos perdemos en las diferencias y sus contrarias.
La sospecha de aquel mundo posible, siempre a mano,
ha trastornado nuestra quietud y aún sugiere que generemos
la suerte que diese noticia, no de lo que éramos, que jamás
nunca lo hemos sabido, menos aún de buscar la frontera
entre las excepciones y las reguladas normas. ¿Había lugar?
A duras penas, de lo que queremos ser. Humilde dialéctica.
O pacientes roces con los que construimos nuestra inercia.

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