miércoles

Prólogo de HILARIO BARRERO a MATERIAL DE DERRIBO

DE JANIS JOPLIN A ALBINONI

Carolyn Kizer, premio Pulitzer en 1985 por su libro Yin, piensa que «All really good poetry should have a mysterious element in it». Kizer habla de dos tipos de elementos misteriosos u oscuridades. Por un lado está la que uno crea porque no ha sabido expresarse bien, lo que da como resultado «the bad obscurity». Por otro lado, «there’s the kind of good obscurity when you’re really dealing with things that have an element of mysterious in them». Kizer termina diciendo que «los poemas que leemos una y otra vez son los que todavía tienen «a little area that we’re not quite sure about». Estos poemas estimulan nuestra propia imaginación a pensar y sentir.
En Material de derribo encontramos el lado oscuro de la vida del poeta y el lado claro que nos hace leer una y otra vez la mayoría de los poemas porque son un estímulo para nuestro corazón y para nuestro sentimiento.
Pero hay que decir enseguida, para que no haya duda, que Material de derribo es sobre todo y ante todo un fascinante libro de amor y sobre el amor, todo envuelto en una reflexión cívico-social-política. En ocasiones en sus poemas el pretexto del poema, la reflexión moral y el tema derivan unos de otros. Un texto que quema y que, arropado por otros nobles materiales, lucha por romper los límites a los que el poeta le ha confinado.

Tan liviana como imprescindible,
ni cerca ni lejos, ni mar ni cielo,
mujer de mil deseos, aún dormida,
contrafuego del sexo blanco,
llegas desde el placer del verbo
como la sal mineral sobre el fuego,
huyendo hacia mis brazos,
como el alba de la noche, disuelta y cautiva,
como el beso de la joven madre viuda.


Desde el punto formal son tres los obstáculos que pueden dificultar la entrada al recinto: el significativo y equívoco título del libro, los sensacionalistas títulos de algunos de los poemas que, para el lector primerizo, en apariencia no tienen ninguna conexión con los poemas y finalmente la consciente inclusión de innecesarias frases que acompañan
a cada poema.
¿Y por qué este título? Aquí nos ayuda el poeta con sus palabras: «Creo que todos trabajamos con material ajeno, anterior a nosotros o contemporáneo, depositado en mil y un escritos, cuando no en la lengua coloquial. Poco más podemos hacer aparte de reordenar buscando, mediante el choque del material de derribo que recogemos, alguna chispa que ensanche la realidad depositada y usada en las palabras y que así adquiera un toque personal que se aproxime a decir algo de esa pequeña parcela de cada cual que nos hace únicos».
¿Y quién es este obrero que trabajando con material ajeno logra edificar un edificio único? En la época franquista José Garés fue un francotirador. (Nunca mejor empleado el sustantivo) por lo que fue encarcelado. Empezó a escribir alrededor de los 20 años y fundó la revista de poesía «Grama» en la que colaboró Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, entre otros. Publicó un pequeño poemario en la colección Arrecife. Posteriormente abrió una librería con un grupo de amigos a través de la cual (últimos años del franquismo) entraron en contacto con grupos de la izquierda clandestina. En septiembre de 1975 le detuvieron y estuvo dos años en la cárcel hasta que le amnistiaron en el ‘77. Estando en prisión publicó un poemario en catalán Falç sense mà con un prólogo de Joan Fuster. Fue diputado socialista durante doce años y en 1997 abandonó la vida política.
La política, avariciosa como la muerte, le alejó de la poesía. No es buena compañera la política para la poesía. Toda poesía política acaba en un panfleto. Ahora, ya con la experiencia de una vida a sus espaldas, el poeta reflexiona y redescubre sobre el amor y otros aspectos fundamentales de la vida y su poesía brota generosa y llena de fuerza.

Pedían soluciones y ofrecimos caminos,
abandonamos y muchos nos siguieron,
y un día descubrimos que detrás de cada mal uso
hay una beneficencia.
Lentamente nos desplazamos
de la vigilia al desencanto, sin casi mutilarnos,
tratando de borrar los largos espacios
temporales, anónimos casi siempre.

Entremos ahora a quemarnos los sentidos en ese fuego descontrolado. Las piezas de este museo traen consigo incrustados vestigios, señas de identidad de otras nobles edificaciones. Referencias que junto al título nos indican el proceso histórico y culturalista en la génesis del poema y de la ideología del poeta. Lo primero que se advierte en este libro es que el poeta le ha perdido el respeto a la poesía. Lo que está muy bien. Para escribir un poema no hay que ponerse serio. Hay poetas que escriben un poema vestidos de frac y otros, como en el caso de Material de derribo, vestidos de calle. Vestirse de calle tiene para José Garés un hondo significado social y político. En algunos poemas podemos observar que el poeta, sin que podamos catalogarlo de poeta social, está más próximo, por ejemplo, al «Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos», es decir, a la poesía de lucha y compromiso, que a la poesía «pura» y minoritaria de alguna corriente de los setenta, y sin embargo utiliza algunas técnicas de las vanguardias de entreguerras.
¿Hasta qué punto la disciplina de la política dejó marcada para siempre la estética del poeta? ¿Cuál de estas voces, –el poeta, el enamorado, el político, el ideólogo desencantado–, debemos leer? ¿Quién tiene la voz más clara? Según uno se decante por una o por otra percibiremos un aire de nostalgia, un fuego descontrolado, consignas de disciplina, letanías ateas.

Hay días que nacemos únicos, tan solos que nos asustan
los largos descubiertos que adornan nuestra corta historia
y nos aventamos, solemnes, como la mies en la era, desenfadados,
como un obradoiro desierto, como la corteza de la miel del clan.
Cuando la luz se apague y la ciudad caiga, volverán áureas bandas
y los vientos del sur nos llevarán a los tres caminos de una sola puerta.

¿Qué prevalece en este libro que es como un torrente incontrolable? Después de todo, al poeta, le queda la palabra. La poesía para José Garés es «un intento de, utilizando las palabras que usan unos cuantos millones de seres, y habiendo pasado por caminos transitados por otros tantos millones, hablar de algunos sentimientos propios manteniendo la quimera de que alguien me entenderá. Una manera de forzar las palabras intentando sacar nuevos jugos».
Pero mientras que el poeta, el hombre, estaba en la calle en la lucha dialéctica y tratando de derribar edificios totalitarios se encontró y compatibilizó su tiempo con el amor y la férrea disciplina «del partido» se dulcificó y se flexibilizó.
Material de derribo no es un libro uniforme, como un buen museo, tiene piezas más valiosas que otras, todas de primer orden. En este sentido este libro puede parecer una antología donde se aprecia la evolución del poeta. El libro se podría resumir, en su faceta culturalista con estos dos versos:

«Ya ves, te fuiste con Janis Joplin
y regresas con Albinoni»

Es decir: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos» «De Janis Joplin a Albinoni y el regreso del desencanto». Material de derribo es un libro vendaval, es como si el poeta hubiera estado mudo, preso o maniatado (como evidentemente estuvo), como si hubiera perdido demasiado tiempo en la política, olvidando a la poesía que golpeaba en el pecho del poeta, como si hubiera deseado escribir y no hubiera podido hacerlo. De pronto, libre de compromiso político y social, sin ataduras (solo con las del amor), reflexiona, expulsa –vomita– todo lo que había guardado dentro.
Donde hay amor no puede haber degradación, pero puede convertir lo negativo en desengaño y puede resaltar la carga maldita que hay en la mayoría de los poemas de Material de derribo. En todo poema, decía Jorge Guillen, hay un lado maldito, como hay un lado bendito.
El libro conecta, para bien o para mal, con la historia de la poesía del siglo XX: con el magisterio de Juan Ramón Jiménez o el de don Antonio Machado, la poesía amorosa de Neruda, la sombra de algunos miembros de la Generación del 27, un ramalazo de Celaya o Blas de Otero, la presencia de algunos «novísimos» y de la de los del 50, y una aproximación a la poesía de la experiencia, hasta conectar con algunas de las corrientes del recién nacido siglo XXI. Sobre todo en el libro hay una especie de complot para, a veces, desestabilizar al lector, complot que choca con una fuerza que arrastra hacia alturas y profundidades insospechadas y una sorprendente y casi irritante energía, vigor y fuerza. Material de derribo está tocado de esa luz cegadora, milenaria y mágica de los que viven en el mediterráneo, sin olvidar una de cal culturalista y otra de arena popular.

Vengo del mar, porque todavía nos une
su envoltura, y el empuje de sus olas
me recuerda el tacto de tus pechos.
Pero no de un mar, no... hablo de nuestro mar,
del único, en el que tantos dioses
han sido vulnerados por el tiempo
y miles de naufragios de soles reposan
en brazos de la luna...

La poética de José Garés, según sus propias palabras, podría sintetizarse en «Háblame de lo que quieras, pero sorpréndeme y descúbreme nuevas formas de mirar, con las que pueda hacerme cómplice». El poeta, no importa el desencanto, las puñaladas, las cárceles y las sentencias, o precisamente por todo esto, sigue esperando a Godot y aunque silba a lo lejos el tren en el que puede viajar, el tren nunca llega. En su espera el poeta tortura a la Poesía, la maltrata, la exprime, le imprime un nuevo brillo y la Poesía se deja, lo agradece y vemos una gran complicidad entre los dos.
La poesía de José Garés es un testimonio, un testigo de la biografía del poeta que va desde su época de inocencia, pasando por su época de compromiso social, para terminar en el otoño de su vida en una reflexión sobre la palabra y la filosofía de la vida, sobre el amor fogoso y arrollador, sobre la vida de tantos a la vez que la suya. Material de derribo «intenta ser también –según palabras del poeta– una reflexión poética sobre algunas circunstancias sociopolíticas y culturales de una generación que apostó fuerte por el cambio y que ahora se siente parcialmente fracasada».
En la poesía de José Garés observamos tradición y modernidad, un lenguaje de cotidianidad que el poeta mantiene en una conversación consigo mismo, con la amada y con todos nosotros. Es una poesía barrocamente desnuda, lo que no deja ser un oxímoron. Poesía difícil a veces, deslumbrante siempre, rica en imágenes, contenida en la música, controlada en el ritmo. Como la poesía que perdura en el tiempo, cuenta lo de siempre, pero con «distinta agua», aquí sería, en ocasiones, con distinta mala leche. Una poesía que hace lo viejo nuevo y lo nuevo viejo.

Lo único cierto es que un día,
como al bies de nuestra historia,
me iré sin rumbo.

Juan Ramón Jiménez lo había dicho: «...y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando /; y se quedará mi huerto con su verde árbol /, y con su pozo blanco».
Hemos tenido que esperar muchos años para que el poeta, libre, volviera a sus raíces. Y «aunque algunas ideas o imágenes sobre las que se traban algunos poemas, vienen casi de mi prehistoria, en tanto que poemas más o menos elaborados todos han tomado cuerpo el último año. Pero ya se sabe, la memoria y la experiencia son vasos comunicantes y sabes donde empiezas pero no donde terminas.» Nos dice el poeta, y confiesa: «He amado y me han amado.» Y con Lope de Vega, que tanto sabía de esto, pues lo probó y lo supo, coincidimos en el amor del poeta y del sorprendente resultado de este amor.
Material de derribo es un libro extraño, esquivo, vivo, un libro edificado y hecho con nobles materiales de derribo que entronca con la tradición y con la modernidad: «Porque amar y hacer versos todo es uno; que los mejores poetas que ha tenido el mundo al amor se los debe». Y aquí tenemos uno. Si en el atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor, Material de derribo es un libro que nos puede salvar.


HILARIO BARRERO DÍAZ

Hilario Barrero Díaz nació en Toledo y vive en Nueva York desde 1978. Es doctor por la Universidad de la ciudad de Nueva York. Ha enseñado español en la Universidad de Princeton y en la actualidad es Profesor titular en Borough of Manhattan Community Collage de Nueva York. Ha publicado varios libros de poesía, un diario del que se llevan publicados tres volúmenes, un tomo de cuentos. Ha traducido al castellano a poetas norteamericanos publicados en España y ha participado en diversas antologías. Escribe crítica y colaboraciones en numerosas revistas especializadas de España, EE.UU. y América Latina.

2 comentarios:

ALMA dijo...

Enhorabuena por este libro, lo tengo entre mis manos mientras escribo este comentario y me gustaría saber como puedo tener tu dedicatoria y tu firma manual, porque así me parece...incompleto.

Felicidades y GRACIAS

ALMA

Anónimo dijo...

Voy a comprar material de derribo y te felicito por tu compromiso social.
Un abrazo,
Pepa