CORRE,CORRE, NIÑO DE ARENA
No recuerdo que acertado autor ha dicho que el poeta es un ser que conservó los ojos de niño. Es tan pura y exacta esta definición que su tono axiomático hace inútil cualquier discusión sobre ella. En verdad, hay tal correlación entre el poeta y el niño, que su expresión es dialécticamente idéntica. Los gestos y las palabras de los niños, las anécdotas de la infancia, tienen en si una virtud incomparable, y que sólo algunos elegidos saben cantar, hacer poesía de ese tránsito por la infancia y de algunas de sus dramáticas situaciones, generalmente procedentes del mundo de los adultos en el que les ha tocado vivir, sin elección posible. En 1936 Vicente Aleixandre escribió una dramática oda a los niños muertos por la metralla de la aviación fascista en Madrid: “Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas. No los miréis; oídlos. Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.” En 1939, desde la cárcel franquista, Miguel Hernández escribe para su hijo “Nanas de la cebolla” perte...