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EL ALJIBE DE JEZABEL.

  «Sé paciente, pues el lobo perpetuamente está contigo». Malcolm Lowry Compartíamos prejuicios, reproducíamos vacíos, sobrevolábamos el género, asimétrica alegría transgresora del paradigma. Convocamos sueños y atrapamos achatados mundos, frustrantes empeños, y a duras penas pudimos respirar en la periferia. Despertamos del sueño de los aliados y avanzamos, avanzamos tantas secuencias inusuales, apacibles, hasta llegar a lo que debíamos y nunca dijimos. Instalada la mancebía, nadie sabe dónde debemos morir, ni cómo hilvanar un teorema o qué hacer con nosotros. Nada concuerda. El tiempo huye y el universo es discontinuo, la palma duerme sin doblar y el monasterio la mira. Unos días más y nos disolveremos como un eco en las ruinas de un amor, como el que todavía nos consentimos. Mientras amanece y nos rodea el valle, aun dormido.  

NITS BLANQUES.

  Amb el desenllaç dels teves encants encara ens trobem el plaer, el dolor i l'or mitjançant la llum, l'ombra i fins i tot l'aigua de la qual vam voler, i encara volem, beure de vegades. Amb el que sobra a la tornada de les nits, blanques com els meus somnis i els teus anys construeixo induïdes obediències decidides i estavellades de gelosia, però són el sinó i tants complements que des de l'abisme busquem a petons i amb estranyes carícies. Tot i que no sempre ho aconsegueixo, sorprès i mig en ombres les cares de la lluna, el noi que vaig ser, nu em recorda els nostres vells amors en els temples de Jerusalem. L'horitzó segueix cobrint de cel teva cintura i amb prou feines el llacor aborda el teu avantguarda.

ASOCIADO CARRUSEL.

  En ocasiones, de repente apareces como un frenético tiovivo que gira en el carrusel de mis pensamientos, sin más derecho que la exaltación de tus pechos cálidamente morenos, como cuando desde mis muslos la declinante luz del collage de la piel, enardece las emociones nuestras, inconfesables, proyectando vivencias. De ahí que nos sigamos amando todavía, desde tantos besos de distancia.  

MOZÁRABE Y MUDEJAR.

  Cuando todo esto acabe te preguntarás por las horas que perdimos, querrás saber, agnóstico como fuiste, qué juicio hubo que te sentenció a huir de la luz y del placer de los nuestros condenándote a la sumisión ordinaria en nombre de la trascendencia de un dios mudo. Qué tuviste que esconder para conquistar las garantías de la felicidad que tú prefieres obviando la fuerza del débil y sus ansias. Y darnos razones, por ser pasivo en mitad del fuego, a los que vivimos más acá de las normas

MATERIAL SOBRANTE.

  Soles rojizos y abandonados, dormidos sobre montes roturados en busca de mies, de bellas muchachas desafiadas, muchachos vírgenes añorados y voluptuosos, todos prietos en nombre de la libertad que con premura huyen. Se avanza en proyectos convergentes, noches melancólicas de deseo y tardos amaneceres revueltos en papeles anónimos sobre los que descansa lo que hicimos, y duerme el futuro de tantos deseos y amoríos que nunca serán como pretendéis pero que conforman ya la definitiva estancia sobre la que desparramar el dolor de tener que elegir como condena, con la garantía de que algo pierdes. La certeza de no descansar nunca más en el trance del que naciste ni poder volver y no obstante negar el destino al que nos llevan y que, presuntuosos suponemos en nuestras manos, como si de un beso de los que repartes por placer o despedida se tratara, cuando no un grito. Abrir nuevas esperanzas, galaxias incandescentes, amores que nos abocan al desa...

¿DESDE DONDE NUNCA ESTUVIMOS?

  Es cierto que apenas nos lo propusimos, como si el perfil de un cuerpo no fuera con nosotros. Pero al menos después de recibir las embestidas ciegas del adolescente, deberíamos saber que cada mirada abre una disyuntiva de cielos posibles y requiere un esfuerzo igual al afán de supervivencia y de emancipación, que abre escenarios para los encuentros. Demasiados intentan a hurtadillas y aun con sacrificio, reinstaurar la tradición, la que fue nuestra, después tuya y ahora se difumina en las noches. Pero cuando el deseo se rinde de soportar la máscara, obliga a una aproximación privilegiada, por inusual, en el entorno de tu cuerpo proclive al ámbito amoroso, de donde nace todo cuanto medir y besar se puede. Siempre con subalternidad hasta hoy, hemos tratado de adquirir la tutela prevaleciente, pero enamorados de cuanto ansiábamos. Hemos intentado lo justo y lo necesario, como cuando al anochecer nos apetece contemplar la luna y desnudos salimos po...

EN EL TRESCIENTO SETENTA Y SEIS ANIVERSARIO DE GÓNGORA.

  Las refrescantes sugerencias funcionales de tu diseño desenfadado y el confortable encanto de tu transparència, son siempre armónicas con mis deseos porque los motivos florales alocados que rizan el encaje de tu lencería ausente anuda mi espalda a tus pechos que muestran vaporosos tus delirios y una larga depurada línea que tornea el perfil inquieto de tus deseos. Ya sé que lo nuestro son mimos ribeteados que púdica cubres con un blusón largo de punto azul chino, de sisa americana, que no hay que desesperar si no llegas o yo encuentro mi placer con tu extrañeza no siempre pero ya sabes que la forma del placer nace y se conforma al fondo de manera que siempre sean tu mitad y la mía complementarias.  

ESPERANZAS QUE SOBREVIVEN.

  Vengo de regreso de tus menesteres a rastras y trompicones, golpeado por tus desapegadas palabras y aun atiendo por qué es de hombres llorar y hay flores sin contornos en tu camino y por mis sendas, cubiertas de te amo sin quererlo, sin saber remar a contracorriente y con el dolor muerto por suicidio. El horizonte movido por la brisa, susurra mis cañas movidas por el agua que roza mis pies. Me llegan tenues y silenciosos cuatro dolores trémulos, ponientes y entristecidos de sombras, aposentados en nuestras entrañas. Compañero, dejemos que la guerra, la castidad y el hambre mueran con las manos, las torturas, y los rebrotes del odio… cuando dios muera de viejo.  

SIN TIEMPO NI ESPACIO.

  Porque todo queda, a tanta distancia del primer encuentro, pretendo volver a descubrirte, desnudo el cuerpo guardado en la memoria y con el sabor inenarrable de la hierba sobre la que te derrarmaste, de regreso de tantos turbadores clímax. Recubierto de caricias anónimas con el suspiro largo de tus pechos erguidos y mis muslos prietos atenazados, aun hoy, digo, me enardece el caracoleo de tus manos y el siempre dulce roce de tus labios sobre mi piel virgen cubierta de ansia, sin tiempo ni espacio donde revolverse . Bien sabes tú, con cuánto dolor te amé y con cuánto placer me dueles, y hoy aun consientes que descanse sobre tu vigor ajustado, tembloroso y dispuesto de nuevo, como aquella primera vez, a temblar por el rubor de mis sacudidas sordas.

DE NUEVO EL HABITUAL OLEAJE.

  Cuando llegó la tumultuosa ola de orígenes revueltos la luz se hizo negra y atravesó años y recuerdos. No hubo sombra para el cobijo ni rellano para dormir y en cada silla de aquel universo se aposentó el presente, cubriendo cuanto fuimos de lodo y jirones de vida hecha muerte sobre el lecho nupcial de cada hogar. Desahuciados y sin semejantes en quienes buscar amparo, tuvimos tiempo entre cañas y peces muertos, de pensar desnudos, sucios de vivir y anhelantes como nos recibe el amor que merodea la noche, y así fue que descubrimos el valor de un mendrugo y el calor de una mano en la cintura. Pasaron muchas noches prolongadas a besos hasta que con el primer y único amanecer sin sol, supimos de su llegada por el graznar purulento de los cuervos endomingados. Cuantas previsiones tuvimos que cambiar igual que un rumbo en alta mar sin brújula, estrellas, remos o velas mientras se repartían el botín. Aquellos días ni los muertos flotaban por temor a las garras. Desde entonces los altar...

RECUERDOS DEL SEFARDITA.

  Fuimos ascendiendo, cabeza y corazón en ristre, más aun, nacimos del subsuelo de la rabia contenida que dormita siempre en los cimientos del hambre y de la sed, y así muchos quedaron  desvencijados, maltrechos y sin alientos en las orillas de los campos de batalla o en los brazos del amor. Desnudos como nos vimos entregamos la piel pero olvidamos atender adecuadamente los odios  generados, ocultos en los acervos milenarios de la especie y despertaron las ansias fieras y cándidas dormidas bajo la noche al calor del fuego que engendramos cansados. Quisimos tras el esfuerzo de la victoria  compartir los frutos conseguidos, el trofeo del amor sin comprender que casi siempre una bandera, incluso por la que pudiste morir y algunos lo consiguieron, sirve para cubrir tantas miserias y maledicencias como las que ahora combates, fruto de la perversa solución que nos aplican  los mamelucos, que la encubren con un cambio de rumbo. Pero ahora sabemos  ...

EL JARDIN DE LAS DELICIAS.

  Tuve que doblar las rodillas y aclopado libar. Tu abriste la lucha con largos y ciegos suspiros, yo terminé gimiendo de dolor y placer, derrotado. En el tránsito te gané desnudo y en oración. Ambos tuvimos el placer del olimpo y su cuna, luchamos, a nuestra manera, contra el padre, tratando de descubrir una nueva verdad útil que sobreviviese entre las mentiras por placer. Tuvimos comportamientos que de tan inocentes se nos presentaron como crueles, casi divinos. Por desmesurado huimos del espacio común refugiandonos en la palabra. La mar era de plata y de nuevo tu cuerpo se regaló sobre mi pecho. Sorprendidos los ángeles, nos anotaron como dos cuerpos hermosos, confusos y enamorados.

SECRETO DE CONFESIÓN.

  Fue una aventura abandonar las cunas y encontrarnos, en el instante cero de nuestra historia, envueltos y escondidos en las dimensiones ocultas, hasta intuir que, para saber de ti, tan lejos tus besos, tuve que amar a tu dilecto descanso de los labios. Qué delirio de verbo y qué corto el camino para tan hermoso proyecto. Fueran tantos saltos ordenadamente meditados, del sentido a la significación, que no hay códigos, ni tan sólo coincidencias en el amaneramiento de un mismo origen. Quizás te buscarás un día en la roca, en el agua o en el aire. Ningún miedo. Por dónde sea que quieras andar, el final será tan imprevisible y triste como una pasión farragosa, resuelta a morir de vieja, reconfortada por el deseo, la historia de su mentira, y el secreto de confesión. Los Cementos tiernos que unen.

EL SIGNIFICANTE VACÍO.

  ¿Hablar, lo que se dice hablar del amor, del nuestro, sin definir de qué y cómo y por qué y a pesar nuestro alejarnos del mar que siempre creímos único? Habría sido tan banal como hablar de la muerte sin caer en el desorden, en el significante vacío sin convertirnos en un símbolo, sin casi referencias, cubierto de alabanzas y negaciones, zarzas adolescentes, sin picaportes, sólo vientos. Un nuevo icono al cual adorar. Lo cierto es que con las primeras luces, envuelto por tus brazos y tus piernas supe, pese a cuanto pudiera objetar el mundo, que la vida había triunfado y tus mordiscos a mis pezones fueron los primeros versos del soneto del negro. Quizás tengamos que seguir andando, sabiendo que son infinitos tus adjetivos y que nunca conseguirán descubrir, la individualidad de mi sustantivo. ¿Hay que renunciar al valor para disfrutar del que ya existe? Pero no te alarmes, no es que suframos un desajuste (¿quién no?), es que todo cambia y corresponde que saltes sobre ti mismo o ini...

EL DISFRAZ QUE LOS VISTE.

  ¿Para qué mentirnos? Siempre hemos sido espléndidos y adornados con cilicios, tomados del frailuno vientre dormido, redondo de pena y perfecto y flexible: un sueño. Y puros también, igual que la sed enamorada de múltiples enlaces de la piel.Como cualquier milagro imprevisto, casi imposible banderín de los ejércitos de incierta orilla, unas veces invasores, otros patriotas, siempre engañados por el disfraz de los tiranos, tan hermosos. Sorprendidos por el poder que exhibían, no pudimos entendernos hasta que sustituimos el número por el orden. Desde entonces, como si el mundo fuese cosa de meses, nos entusiasmaba y buscábamos la belleza por sí misma. Parecia que la vida fuese un trago de urgencia, una manera suave de acceder al vacío de la nada. Todo aquello que nos sucedió nos tienta, y es por pasearnos embozados con el manto de la ciencia .

EL HAZ Y EL ENVÉS DE LA CULPA

  Nadie nos dio permiso para vivir a oscuras y deslizarnos suaves sobre los recuerdos motivados ¿Quién pudo perdonar a nadie sin sumergirse? Abrimos la puerta a la hipocresía, a la apariencia y estilizamos la mentira, abrazándo la corrupción y el vicio. Para qué negarlo, nos pudo el morbo, y encontramos tantas razones nobles para seguir viviendo y ninguna para morir que siguió abierto el reto. Es cierto, ¿Por qué no dejarse amar complicando y entrecruzando las vías de acceso al pensamiento y a la belleza? Pero una vez más dimos espacio al remordimiento, a la culpa y a la penitencia, a las cosas importantes de tu vida mía. aquellas de las que nunca, pocos saben nada. La síntesis son el claroscuro, la simulación, la mirada oblicua, dispuesta y resignada. Lo indignante no ha sido sobrevivir, fue dudar de nosotros y de los nuestros, temerosos de saltar sobre el vacío. Hasta que observamos que, si intentas ser tú mismo, te desvaneces.

EN LOS LINDES DE LA VIDA.

  Saben que van a morir de viejos, como siempre lo han hecho, arrugados y con orden. Conocen que la mar no es más que agua y el valle, tierra y piedra. Uniformes, como el mítico desierto, enjutos como el esparto, pretenden tener una larga vida. Cuando tienen que explicar alguna maldad, de las que hacen diariamente, buscan el pretexto del mal del sol de poniente, de los genes, de la herencia. Son la ley eterna de Abraham y Job que nos obliga, en silencio, a servir a su comunidad, se sienten más que amos, caciques. Se aparean y mueren con su verdad, la de siempre, inmensa, inagotable. Algunos, si podemos huimos desesperados. A los cobardes los persiguen como fantasmas. Nunca quisimos ser ellos, eludirlos… pero ¿para qué matarlos?  

LA SINDROME DE LA BOVARY

  Igual que la Verònica. Proscrita, com si totes les teues natges ens sorprengueren i àdhuc avui ens perdem en el teu sempre verge bosc. Qui diria que els teus amplis excessos tan humans, van ser amb els teus centelleigs, mons que fugien i dels quals fores la porta? I no obstant cal estimar la derrota de la casada insatisfeta, tan fidel lectora de la síndrome de la Bovary, a mà de la femella. Què podíem fer? El nostre amor segueix en vigília, lligat al sagrari, a la universal capella on s’ha diluït la tendresa. Hem perdut la solitud, esperant el xiulit del nostre vent, subjectats pels luxuriosos silencis, d'albes verges un dia, embadalits per la màgia del soroll d'aigua fresca que pels teus cabells rossos fugia. Ara hi ha una noia que vol viure i truca a la porta del temple mentre mires la posta de sol.

LA COMPLICIDAD DE LOS DIAS.

  Cada vez es más incierto que la historia nos enseña a vivir. Aunque durante siglos nos habéis hablado del mundo, de cuanto nos rodea y desconocíamos. Pero habían muchas noches para vivir como nunca… Iniciamos así un largo camino buscando las formas y las entrañas de todo lo que nos podía interesar para sobrevivir. Tantas veces olvidamos el más distante punto de luz del infinito universo que nos contempla ajeno, que hoy nos asustáis si nos miramos, hablamos y nos preguntamos: ¿quienes somos, qué hacemos aquí, a qué hemos venido y dónde vamos? Se diría que somos dioses. O puede que solo dueños. Y receláis si ahora extrañados nos miramos con recato y en profundidad. Pero bueno, tus pechos todavía son mágicos, de lujuria. Balbuciendo consiguen comulgar los trasuntos personales que desde el centro cordial, pegados a nuestras vidas, descubren, en la prohibición, la complicidad, la licencia, las perversiones, incluso el hastío. Desde la frescura de la...

TRIBUTARIOS DEL ANGEL AZUL.

  Nosotros, tan bellos como fuimos, lentamente nos desplazábamos de la vigilia al encanto del sueño, sin apenas mutilarnos, borrando lo que eran espacios impersonales, anónimos, largos como continuos barrocos. Mantuvimos la fascinante dialéctica en notas y cuerpos que reducían la conquista de apóstrofes, hasta quebrar las vírgenes veneradas que cubrían sus vergüenzas con sus ojos y sus deseados cuerpos. Todo un ritual de futuros. Desde siempre, puntuales y serias llegaban cuando las invocábamos y rebeldes se iban, danzando como en un horizonte quebrado de cristales, romos por la nostalgia y con el silencio roto. Al anochecer exaustos volvíamos al meandro buscando maneras de reintegrarnos al universo, abrazados por la nostalgia, desnudos cabalgando el rojo viento de poniente que las envolvía la piel enrojeciendo todos los pórticos con calma y amor.