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EL JARDIN DE LAS DELICIAS.

  Tuve que doblar las rodillas y aclopado libar. Tu abriste la lucha con largos y ciegos suspiros, yo terminé gimiendo de dolor y placer, derrotado. En el tránsito te gané desnudo y en oración. Ambos tuvimos el placer del olimpo y su cuna, luchamos, a nuestra manera, contra el padre, tratando de descubrir una nueva verdad útil que sobreviviese entre las mentiras por placer. Tuvimos comportamientos que de tan inocentes se nos presentaron como crueles, casi divinos. Por desmesurado huimos del espacio común refugiandonos en la palabra. La mar era de plata y de nuevo tu cuerpo se regaló sobre mi pecho. Sorprendidos los ángeles, nos anotaron como dos cuerpos hermosos, confusos y enamorados.

SECRETO DE CONFESIÓN.

  Fue una aventura abandonar las cunas y encontrarnos, en el instante cero de nuestra historia, envueltos y escondidos en las dimensiones ocultas, hasta intuir que, para saber de ti, tan lejos tus besos, tuve que amar a tu dilecto descanso de los labios. Qué delirio de verbo y qué corto el camino para tan hermoso proyecto. Fueran tantos saltos ordenadamente meditados, del sentido a la significación, que no hay códigos, ni tan sólo coincidencias en el amaneramiento de un mismo origen. Quizás te buscarás un día en la roca, en el agua o en el aire. Ningún miedo. Por dónde sea que quieras andar, el final será tan imprevisible y triste como una pasión farragosa, resuelta a morir de vieja, reconfortada por el deseo, la historia de su mentira, y el secreto de confesión. Los Cementos tiernos que unen.

EL SIGNIFICANTE VACÍO.

  ¿Hablar, lo que se dice hablar del amor, del nuestro, sin definir de qué y cómo y por qué y a pesar nuestro alejarnos del mar que siempre creímos único? Habría sido tan banal como hablar de la muerte sin caer en el desorden, en el significante vacío sin convertirnos en un símbolo, sin casi referencias, cubierto de alabanzas y negaciones, zarzas adolescentes, sin picaportes, sólo vientos. Un nuevo icono al cual adorar. Lo cierto es que con las primeras luces, envuelto por tus brazos y tus piernas supe, pese a cuanto pudiera objetar el mundo, que la vida había triunfado y tus mordiscos a mis pezones fueron los primeros versos del soneto del negro. Quizás tengamos que seguir andando, sabiendo que son infinitos tus adjetivos y que nunca conseguirán descubrir, la individualidad de mi sustantivo. ¿Hay que renunciar al valor para disfrutar del que ya existe? Pero no te alarmes, no es que suframos un desajuste (¿quién no?), es que todo cambia y corresponde que saltes sobre ti mismo o ini...

EL DISFRAZ QUE LOS VISTE.

  ¿Para qué mentirnos? Siempre hemos sido espléndidos y adornados con cilicios, tomados del frailuno vientre dormido, redondo de pena y perfecto y flexible: un sueño. Y puros también, igual que la sed enamorada de múltiples enlaces de la piel.Como cualquier milagro imprevisto, casi imposible banderín de los ejércitos de incierta orilla, unas veces invasores, otros patriotas, siempre engañados por el disfraz de los tiranos, tan hermosos. Sorprendidos por el poder que exhibían, no pudimos entendernos hasta que sustituimos el número por el orden. Desde entonces, como si el mundo fuese cosa de meses, nos entusiasmaba y buscábamos la belleza por sí misma. Parecia que la vida fuese un trago de urgencia, una manera suave de acceder al vacío de la nada. Todo aquello que nos sucedió nos tienta, y es por pasearnos embozados con el manto de la ciencia .

EL HAZ Y EL ENVÉS DE LA CULPA

  Nadie nos dio permiso para vivir a oscuras y deslizarnos suaves sobre los recuerdos motivados ¿Quién pudo perdonar a nadie sin sumergirse? Abrimos la puerta a la hipocresía, a la apariencia y estilizamos la mentira, abrazándo la corrupción y el vicio. Para qué negarlo, nos pudo el morbo, y encontramos tantas razones nobles para seguir viviendo y ninguna para morir que siguió abierto el reto. Es cierto, ¿Por qué no dejarse amar complicando y entrecruzando las vías de acceso al pensamiento y a la belleza? Pero una vez más dimos espacio al remordimiento, a la culpa y a la penitencia, a las cosas importantes de tu vida mía. aquellas de las que nunca, pocos saben nada. La síntesis son el claroscuro, la simulación, la mirada oblicua, dispuesta y resignada. Lo indignante no ha sido sobrevivir, fue dudar de nosotros y de los nuestros, temerosos de saltar sobre el vacío. Hasta que observamos que, si intentas ser tú mismo, te desvaneces.

EN LOS LINDES DE LA VIDA.

  Saben que van a morir de viejos, como siempre lo han hecho, arrugados y con orden. Conocen que la mar no es más que agua y el valle, tierra y piedra. Uniformes, como el mítico desierto, enjutos como el esparto, pretenden tener una larga vida. Cuando tienen que explicar alguna maldad, de las que hacen diariamente, buscan el pretexto del mal del sol de poniente, de los genes, de la herencia. Son la ley eterna de Abraham y Job que nos obliga, en silencio, a servir a su comunidad, se sienten más que amos, caciques. Se aparean y mueren con su verdad, la de siempre, inmensa, inagotable. Algunos, si podemos huimos desesperados. A los cobardes los persiguen como fantasmas. Nunca quisimos ser ellos, eludirlos… pero ¿para qué matarlos?  

LA SINDROME DE LA BOVARY

  Igual que la Verònica. Proscrita, com si totes les teues natges ens sorprengueren i àdhuc avui ens perdem en el teu sempre verge bosc. Qui diria que els teus amplis excessos tan humans, van ser amb els teus centelleigs, mons que fugien i dels quals fores la porta? I no obstant cal estimar la derrota de la casada insatisfeta, tan fidel lectora de la síndrome de la Bovary, a mà de la femella. Què podíem fer? El nostre amor segueix en vigília, lligat al sagrari, a la universal capella on s’ha diluït la tendresa. Hem perdut la solitud, esperant el xiulit del nostre vent, subjectats pels luxuriosos silencis, d'albes verges un dia, embadalits per la màgia del soroll d'aigua fresca que pels teus cabells rossos fugia. Ara hi ha una noia que vol viure i truca a la porta del temple mentre mires la posta de sol.

LA COMPLICIDAD DE LOS DIAS.

  Cada vez es más incierto que la historia nos enseña a vivir. Aunque durante siglos nos habéis hablado del mundo, de cuanto nos rodea y desconocíamos. Pero habían muchas noches para vivir como nunca… Iniciamos así un largo camino buscando las formas y las entrañas de todo lo que nos podía interesar para sobrevivir. Tantas veces olvidamos el más distante punto de luz del infinito universo que nos contempla ajeno, que hoy nos asustáis si nos miramos, hablamos y nos preguntamos: ¿quienes somos, qué hacemos aquí, a qué hemos venido y dónde vamos? Se diría que somos dioses. O puede que solo dueños. Y receláis si ahora extrañados nos miramos con recato y en profundidad. Pero bueno, tus pechos todavía son mágicos, de lujuria. Balbuciendo consiguen comulgar los trasuntos personales que desde el centro cordial, pegados a nuestras vidas, descubren, en la prohibición, la complicidad, la licencia, las perversiones, incluso el hastío. Desde la frescura de la...

TRIBUTARIOS DEL ANGEL AZUL.

  Nosotros, tan bellos como fuimos, lentamente nos desplazábamos de la vigilia al encanto del sueño, sin apenas mutilarnos, borrando lo que eran espacios impersonales, anónimos, largos como continuos barrocos. Mantuvimos la fascinante dialéctica en notas y cuerpos que reducían la conquista de apóstrofes, hasta quebrar las vírgenes veneradas que cubrían sus vergüenzas con sus ojos y sus deseados cuerpos. Todo un ritual de futuros. Desde siempre, puntuales y serias llegaban cuando las invocábamos y rebeldes se iban, danzando como en un horizonte quebrado de cristales, romos por la nostalgia y con el silencio roto. Al anochecer exaustos volvíamos al meandro buscando maneras de reintegrarnos al universo, abrazados por la nostalgia, desnudos cabalgando el rojo viento de poniente que las envolvía la piel enrojeciendo todos los pórticos con calma y amor.    

LIVIANA ESTANCIA.

  Pegados a todos ellos, en ocasiones a escondidas, se nos disipan por la cotidianeidad, perdiendo jirones de nuestra dilatada vida, mientras que la memoria, atenta siempre a nuestro desordenado patrimonio, intenta llenar el vacío con nuevas caras extrañas. ¿O quizá solo quiere intentar una delicada purga, Para tener derecho a habitarnos, huir de la mirada autotélica, del eterno dócil propósito de sobrevivir?. ¿Deberíamos confirmar la moralidad para intentar ser inmortales, Señor…? ¿A qué tanta severidad? ¿Dónde estabas cuando caímos? ¿O fuiste tú quien los empujó? Tal vez fuiste prisionero repentino de un malestar liviano, pero mortal. Devuélvenoslos.¡¡¡  

DE VUELTA DEL FUTURO.

  En todas las ciudades vimos al mismo dios indolente y a parecidos discípulos bailando sobre el asfalto, como saciando el hambre de los adolescentes, ciegos de imágenes para poder sobrevivir. Sin embargo desde que el tiempo disolvió aquellos escenarios donde fuimos héroes y dioses, brujas y monjas, caballeros y doncellas, buenos y malos, los neutros han tomado el camino del mar, ese blando e indefinido mar del que somos afluentes y en el que algunos, muy pocos, bracean, buscando la baranda del segundo círculo. Se supone que en busca del suicidio que, ya sabes, no calma el ansia pero nos rellena de orden y programa, buscando ese interminable, por eterno, fluir del agua joven anónima fresca y vacía de futuro.

PRUEBA DE CARGO.

  Aunque separados por una leve sombra y un aparente amaneramiento que se delata en el virtuosismo de tu sonrisa, ambos nos unimos por el comportamiento replegado de las pasiónes sustraídas, de tu inclemente dolor-placer esparcido por los cóncavos y recónditos cuerpos esparcidos sin periferia por el espacio tiempo. A tu pesar, aunque llores e insistas, no es cierto que me extrañe tu aura, ni que tu equívoca sonrisa consuele el deseo amable amenazado por tu pulso de trazo enamorado. Desde la urgencia, como tú odias y amas, perdóname cuando me pierdo, Pero debes comprender que si te amo es porque en la penumbra del repliegue puedo dar rienda suelta a como yo te quiero, sin que el mundo me reclame testimonio.

LOS BORDES DE LA MIRADA HOLÍSTICA.

  «La realidad posible se obtiene distendiendo un poco las leyes físicas y químicas». Marcel Duchamp Hemos Construido inducidas obediencias de ilusión neutra. También hablo de los que nunca llegaron y que persisten, con el horizonte cubierto de cielo y con el légamo abrazado a la cintura, recreando luces de sombras, bálsamos verdes que se perdieron en la noche anterior. Enlutado el gesto, hemos sido benévolos en la caída, o tal vez fue que empezamos a caminar hacia el pasado sin saber, en mitad del naufragio, qué banderas salvar. Tejimos y destensamos todos los rincones de la vida, pero la muerte demora tanto que nació el gesto impío. Así fue que nos precipitamos, desplazamos la sublevación y alguien trenzó, suavemente, el expolio y la melancolía. Nos ahogó, pues, no el amor; fue vivirlo de golpe.

PLACERES SOBREVENIDOS.

  Como el sol en tus retinas cuando estalla, dionisíacas las mariposas en tu vientre, caderas locas de jinete, en ese torbellino de lágrimas derramadas por placer sobre mi lomo de yegua, así asegurados como éramos, tuvimos que decidir de qué manera íbamos a adornar la mancebía. Mortales o no, sucedió que la vida nos fue dada sin consentimiento y cada cual nos convertimos en un quehacer del otro. Apremiada nuestra libertad, desbocada a veces, no pudimos reconstruir un mundo del que, todavía hoy, huimos conforme lo vegetamos y cuya proa apunta hacia el pasado. Por eso cada tumba, aunque mire al horizonte, deviene estéril tierra de labranza. Qué más da si es infinito el universo o termina donde empieza la esperanza. Tú siempre fuiste el camino abierto que conduce a cualquier parte. Seguimos buscando el espacio aún no hallado, necesitados de sus bondades, si las hubiera, no porque en sí signifiquen nada, porque nos vienen recubiertas de inéditos gestos huérfanos y algún que otro extrañ...

DESDICHAS AMANTES.

  Preparados para el amor tuvimos que hacer la guerra en un combate a muerte para sobrevivir de tal manera fue empeño que ahora el cuerpo a cuerpo cabalga desbocado la sombra del jinete es borrosa y asusta temerosos como estamos, confundir nuestra necesidad con nuestro deseo de poseer y descansar. Por eso ¿a quien conquistar ahora, pues? hasta que los dioses hablen mejor tomémonos y descubramos las miserias del héroe desarmado y desnudo.

EL PROCESO Y LOS FALSOS VECTORES.

. Sabed que vuestro fraudulento interés, el por espúreo deseo de ser felices mediante la magistratura del amor, que profesáis con desleal absolutoria omisión de celos, que pretende acumular desproporcionadas exigencias sobre nuestro presente, en un vano interés de reducir, hasta desaparecer, el recurso de nuestra vida aplastándola con insidia sin saber que todo un día se desvanece. Eso fue todo y a vivir toca. No pretendo un verso rogatorio ni enhebrar un debate para evitar mi condena que sé que está resuelta en los considerandos dictados por la colectiva moral que encarnáis, porque en este final del proceso al que hemos accedido de forma voluntaria, pero con el agravante de la reincidencia en el Olimpo, con Baco y Dionísios de testigos, no puedo sino volar y volar dando por bueno cuanto decís, para no perturbar la indiferencia con la que, exquisitamente, aun vivimos.

DE MAÑANA A CAPELA.

  La verdad es que huimos con miedo de tanto como nos amamos. Sabéis que nunca nos importó vuestra minúscula intención de poseernos con la oratoria de vuestros muslos, y sus besos. Menos aún, el inusual entorno del cuerpo, guerrero por el hostil ámbito amoroso, de donde todavía hoy con la frágil vejez nacen susurros, y resultó tanto cuanto medir y besar podemos enamorados de lo que intentamos. En rigor, fue lo justo, incluso lo necesario. Muchos nos dijeron que al anochecer querríamos contemplar la luna con nuestra virilidad alerta, pero ahora salimos por la calle del Mar hacia la playa nueva, sí, la que lícita y sumisa hoy forma parte del paisaje, alborotadas las dispares esbeltas tropas del hermoso Paris. Fue por los vientos indolentes a favor, que supieron ser una simulación para robar la historia, incapaz de seducirla.   Y solo el poeta vio a las sordas y púdicas defensas de Helena rondando el dolor de tanta vida como disolvió Menelao. Solo ...

Gloria omnibus nobis.

Enamorados súbitamente, fue el tiempo quien nos ordenó la vida. Apenas podíamos ordenar una casa, plantar un árbol o tratar de encajar los cuerpos. ¿De qué nos podía acusar el mundo si nadie sabía qué hacer con tanta juventud en las manos? Pero vaya, nada vuelve y hasta lo que tanto deseamos mudó. La hermenéutica no pudo salvar los frívolos amores, tampoco los consuelos. Todos los planes previstos quedaron ordenados junto a mis destartaladas gabardinas y tus gastadas bufandas. El inagotable deseo siguió marcando sus normas rebelándose de los corsés freudianos, del clerical incienso. No encontramos contra quien vivir y todo quedaba tan lejos que nadie pudo decirnos donde dormir con tanta luz y acariciados por la blancura del lino de las sábanas. Así supimos que todo podía empezar de nuevo, que tu entrepierna te hará madre eterna si duermes como es debido y guardas la vida sobrante. Sabemos que la ciudad no es eterna, que durará tanto como el más joven d...

La segunda inocencia.

  Muchos todavía cuentan que somos lo que vivimos, olvidando que, por ortodoxos vivimos lo que apenas nos dejan. Cierto que fuimos pueblo una primavera, pero reflotando hoy somos multitud, anónimos símbolos y revueltos sapiens. Algunos sueños se disolvieron en el transcurso de los vientos de poniente y vuelven los agravios insistentes por las noches, organizan nuevos empeños y deseamos nuevos atributos, nuevas claves que atiendan a quienes somos porque con ansia nos amamos. Pero nunca amanece. Desmantelados, los dioses siguen de siesta. Huyendo, ambos lo sabemos, emergemos de tantas lluvias que generosos devuelven los mares y volvemos con las ramblas. Al principio, sin ánimo de quererte para negarte después me deslumbró tu futuro, luego fue un sutil murmullo ajeno quien me invadió y tu belleza finalmente despertó mi inociencia. Me olvidé de tus atributos y me arrebató la idea de saberme tuyo, atado a tus partes, perdido entre tus luces, recubierto de z...

Gloria in excelsis Deo.

  Oh, amigos, cuantas guerras por permanecer pegados al pasado, manteniendo los valles verdes, buceando las aguas del Jordán, buscando el origen de nuestra vida en el mar. Lejos del inhóspito jardín, denunciado en el nuevo mundo por la melancolía. Sí, como si los escondidos y trascendentes, quizá eternos un día, tomaran la senda de la única flor y de la mano del placer sacrificado evocaran el silencio del amanecer, la proyección de la madre planeando la duda del único soldado nacido. Mientras, asustados nos pliegan cada noche como a Ícaro y nos deshace el sol cuando, con esa renuncia por miedo a los delirios que insisten en penetrar a una virgen por si así no fuera, aquellos que nos llevaron un día hasta quedar tranquilos con el viejo rumor de voces y cuerpos que aun reclaman. Bien sabes que todos los que nos queríamos, en aquella santa viña teníamos la vida y el lecho a imagen y semejanza revestidos de lo que dijeron teníamos que desear. Quisi...