Mirada. Es cierto que nunca nos lo propusimos abiertamente como si el perfil de un cuerpo no fuera con nosotros bien pero al menos después de recibir las embestidas ciegas del amor adolescente deberíamos saber que cada mirada abre una disyuntiva de cielos posibles y requiere un esfuerzo igual que el afán de supervivencia y de emancipación abre escenarios para los encuentros demasiados intentan a hurtadillas y aun con sacrificio reinstaurar la tradición la que fue nuestra que es la tuya y que ahora se difumina en las noches bendecidas pero cuando el deseo se rinde de soportar la máscara obliga a una aproximación privilegiada por inusual en el entorno de tu cuerpo proclive al ámbito amoroso de donde nace todo cuanto medir y besar se puede siempre con subalternidad hasta hoy hemos tratado de adquirir la tutela prevaleciente pero enamorados de cuanto ansiábamos hemos intentado lo justo y lo necesario como cuando al anochecer nos apetece contemplar la luna o salimos por la calle ...
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LA HEURÍSTICA DEL CENTINELA
También en aquellos tiempos heroicos vimos sonreír a los ciegos, bailar a los cojos y cantar a los mudos. Adolescentes, amamos los cuerpos, mientras los dioses dormían a la sombra de las abadías. Hoy, apenas mercenarios de la libertad, centinelas del nexo entre la vida y la muerte, nos llega una palabra, dos a lo sumo, y sonreímos al saber que son los brotes de aquella semilla que resiste en nuestro valle.
LOS NUEVOS HORIZONTES DEL PARADIGMA DEL BIG BANG.
“Utilizar una piedra por primera vez no es cultura. Establecer qué y cómo la función puede repetirse, sí lo es” Umberto Eco. En un principio fuimos funcionales, contenidos, atentos, y tuvimos que entornar la luz para que no nos cegaran las sombras. Tantos ritos que en el fondo del mar duermen, arrugadas las huellas, amarga la ternura, y nunca vuelves la misma si te evoco. Quién sabe de qué edén hablas, cuando sonríes, ni en qué perdido universo huyes si te miro. Atisbos que se deslizan y comulgan con el orden de las cosas, y la empatía del proceso urbano. Soliloquios y abanicos. Sí, fue una aventura abandonar la cuna y encontrarnos, en el instante cero de nuestra historia, envueltos y escondidos en las dimensiones ocultas.
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